Siempre!

De niño cuando a mi pueblo
todo llegaba por avión
o a lomo de caballo
entre la lluvia la noche el lodazal la selva
mi padre reposaba leyendo una por una
las páginas hermosas de la revista Siempre!

Yo aún no había tomado ni caballo ni avión para conocer México
México era el país y su espejo era Siempre!

Lo importante de México pasaba por esas páginas en sepia
que leíamos con mala luz eléctrica
Ahí aprendí a leer el rostro múltiple de la patria
bajo la mano sabia por apenas visible
de mi joven padre en sus treinta
Este es el doctor Atl me dijo un día cuando el pintor murió
y su noble barba ennobleció la portada de Siempre!

Y yo veía los rostros de Leduc Gómez Arias Domingo
y Suárez Alvarado Gutiérrez y González
Zabludovsky Pagés García Naranjo.

y deletreaba el nombre de la patria
como si fuera el rojo corazón del planeta
Todo esto me brota en la memoria ahora
justo ahora en que mi foto sale en la revista
y se habla bien de mí como del hombre limpio que mi padre soñó
y se honra en mí al poeta que con seguridad mi padre no soñó
Se habla de su hijo:
uno que pudo hacer que sus palabras fueran puras.

Y yo algún día soñé y si no lo soñé hubiera querido
que mi padre encontrara esos artículos donde se habla de su hijo
hojeando una por una las páginas de Siempre!

que treinta años después sigue llegando al pueblo
por vías menos ásperas mucho menos hermosas
que el lomo de un caballo
o las alas de un avión sobre el follaje espeso
Pero mi padre nunca podrá ver esas páginas:
la luz ha abandonado sus ojos para siempre
Aunque ahora tengamos en el pueblo tan buena luz eléctrica.

Reina del lodo

Tira tu tarascada sobre mi muslo
Hembra del jabalí
Que tus colmillos partan carne y trocen huesos
Que sieguen esta sangre tan dormida
¿A qué sabe la luz?

¿A qué la sombra?

Traga todo mi infierno bestia oscura
Tus perros negros ladraron contra mí toda la noche
Mordisqueaste los belfos del caballo
Ensayé trinos con mi lengua
pero los puercos se alimentaron con pájaros crudos
(Aún puedo ver pequeñas plumas en tu boca roja)
Soy tu espejo oh Maligna
Tu belleza pasmaba y hacía llorar
mas tu gemela oscura desenroscose
del negro aliento de la Gorgona
He aquí mi muslo hembra del jabalí:
tira tu tarascada.

Luego échate a dormir entre las palomas descuartizadas.

Entre la sangre seca y los huesos de los muertos.

Ronca.

Petitcru

En Tintagel suena un cascabel.

Petit-cru.
Vino de Avalón, la isla de las hadas.

Tristán
para la rubia Iseu lo atrajo.

Alegra el corazón
su música hechizada.

La amiga es
por el embrujo, lejos del amigo, feliz.

¡Dios:
el desdichado envió a la desdichada la dicha!

Renunció
al talismán para que pudiera la reina, separada de él,
vivir dichosa, y la rubia encuentra alegre el vivir.

Hermosos son los mantos forrados de blanco armiño,
gentiles las cabalgadas por el matorral en la corte de Marés,
y los torneos en los que los caballeros muestran amorosas divisas.

Dulce el recuerdo de Tristán como sonrisa del amanecer.
El cascabel del blanco cachorro es más fuerte
que la copa fatal que la imprudente prudencia materna
llenó de amor y de muerte y abrasadora pasión.

Pero ¿cómo la amiga en la ausencia del amigo se siente
con cuerpo ligero, con alas de alondra, con el espíritu
gracioso?

La reina piensa.

Desvela el secreto.
Hechizo de amor es.

El desdichado desea
la dicha de aquella que es su dolor.
Petit-cru.

Los labios adornados de dulce
amargura requieren el ser milagroso.

Del regazo
le tira el cascabel.

No quiero, amigo hermoso
la alegría mientras tú estas triste, señor;
la vida mientras tú mueres.

Bebemos el vino
juntos, debemos morir o vivir.

Desde la florida ventana arroja el cascabel al mar.

Arrastrando su larga cola bordada camina
por los pasajes del llanto al sombrío sepulcro del dolor.

Oración en la entraña quemada de un sabino

Éste es mi territorio más secreto: he amado a la Diosa.

Fui Acteón y soy el corzo ya.

Huyo entre matorrales y mi propia manada me persigue: hiere mi amante piel.

Con ladridos aún, pero mi entraña sabe que no tardarán mucho en darme alcance.

*

Los matorrales, los ladridos y la manada entera, están dentro de mí.

*

Lo intuía:
al visitar las Nueve Estrellas
algo fundamental me sería revelado.

*

Hay que ascender
para entrar en la Cueva del Descenso.

*

Chinkultic

Territorio donde sólo la Altura dialoga con el Viento

Aún el silencio
duerme.

*

Hace Trescientos años que un encino
desde el filo más alto del acantilado
se mira en el cenote

La montaña a lo lejos respira un humo denso

Un ave negra hilvana nubes blancas

Las chicharras encienden un mediodía iracundo.

*

Me sujeto a las ramas más fuertes del encino

Me asomo hacia el Abismo

Mi rostro se despeña
cae
como una hoja
sobre el Cenote Azul.

*

En Chinkultic
La Cueva del Descenso
pronunció la Palabra:
los lagos se reunieron
para escuchar mejor.

*

Guarda silencio: después de un tiempo distinguirás la Voz.
entre el barullo de los ángeles:
Dios es mujer:

*

Hoy vi a la Dama blanca
Es el aura
Es el aire
Es la bruma de seda en que su falda flota

Es el agua
La tromba
La cascada de rayos contra su nuca débil

Es la casa
Es la barca en que viaja la Hermosura

Es un baño de sangre
Es una Luz extraña
Son las espesas ramas en que la noche bebe
Es la Mujer
La Luna
La Tempestad tajando la cabeza de Dios.

*

La roja cabellera flota sobre sus hombros
El sol cruza por ella como a través de un bosque
o de una nube
parece armada de un resplandor violento
Un tono ámbar asciende de su cuello en penumbra
Y de sus ojos brotan
como en un manantial
el Sortilegio y el Peligro

*

La vi
La contemplé
Y la estuve evitando como a la luz que ciega.

*

El dinero el Logos y el Poder
iniciaron su más grotesca danza de conquista:
el rubio Apolo tañe su razonable lira
Pluto choca metales argentinos:
produce lamentables tintineos monocordes
Mercurio muestra su ahíta galería de tesoros robados
Jove rompe las nubes ennegrece la bóveda celeste
la ilumina quebrándola con terribles relámpagos
Arroja rayos rojos: raja troncos enormes
Se transformará en hombre en toro en oro
Pero la Diosa sólo se refleja
en el espejo de la Poesía
y yo sé que en mis venas
discurren juntos el azogue y los versos

*

Ella arroja palabras sagradas sobre la multitud:
yo las recibo todas
Me descubre Me mira:
a partir de ese instante
sólo Ella y yo existimos

*

Comenzamos escuchando el silencio que caía sobre el lago

El tiempo
humilde
nos escuchó hablar.

*

Reiniciamos el Diálogo suspendido hace siglos.

*

Frente a la multitud mojó sus manos en el agua celeste
Después leyó en voz alta los signos de mi mano

Ella puso en mi paso ramas de zarzamoras
Yo puse moras dulces en sus labios

Exprimimos los frutos en el puño derecho
y unimos manos tintas en licor agridulce.

*

Lavamos nuestras manos:
el jugo de las moras volvió a la Diosa Madre.

*

Mojé sus pies
Bañé sus bellas piernas en agua transparente
Adiviné sus muslos:
una gota de mora
besaba su rodilla.

*

Lamer zumo de moras
en muslos aromáticos.

*

Era viernes:
Venus puso a mis pies una paloma tallada por el Tiempo

Yo la puse en sus manos

Le di en un caracol la espiral infinita

Le di un largo bordón para andar sobre el lago: recibió un Caduceo.

*

Desde el nicho de piedra
contemple la redonda rodilla de la Diosa
señalando hacia Siempre

Vi su poder pacificado

Danzaba lentamente sobre el agua

La mitad de su roja cabellera se había humedecido.

*

No era posible tanta Belleza criminal
tal rosa impía

Piedra tibia
Follaje
Bébeme

Raja la piedra soberbia del sol sobre mi frente

Toma
Te doy la transparencia
Te doy un caracol
Te doy mi sombra bajo el mediodía
Te doy un puño de tierra colorada

En tus ojos he visto la mitad del Futuro

(La otra mitad la tengo yo).

*

Arranqué un poco de hiedra de las tumbas
e hice una corona para su cabellera

Por su cuello desciende el oro rojo de la Noche

En sus ojos bebo un trago de Abismo

*

Cómo lo ensucian todo esas voces humanas.

*

Ya somos parte de la luz
pero habrá que volver

¿Por qué nos llaman?

*

Volvimos:
el Espíritu creó una ampolla invisible
y en ella nos mantuvo
a salvo de la Máquina.

*

Hay que volver a huir

Vayamos hacia el Centro
Hacia el Ámbar
Hacia la Noche
Hacia las Araucarias

*

Estamos solos bajo la Oscuridad:
démosle luz a todo.

*

La noche cambia
La noche ha destejido su bermellón sombrío
Soy luz Soy aire limpio
Soy un fruto soberbio
Soy un pedazo de ámbar
Soy el follaje eterno

Respiro noches tensas
Bebo abismos
A dentelladas corto la cara de la sombra
A dentelladas trozo nubes bajas
y libero la lluvia

Ven Viento como un río
Ven Cielo entero
Ven Agua total
Ven Luna creciente

Húndete hoz hermosísima
en mi plexo solar

Yo te empuño
te tomo
Ayudo a que te hundas
Hacia arriba
cortando
dividiéndome en corte sagital:
las dos partes son tuyas.

*

Qué dolor luminoso
Qué enjambre hace vibrar mi piel sombría.

*

Amo la Luna
La hierba como un río
En tu Nombre bebo sangre de toro
Y ardo

Y lo veo Todo.

*

Es como si acabara de salir de las llamas

Pero no

He mirado en sus ojos:
Ella guarda
dentro de sí
la Llama.

*

En sus ojos cerrados
la Luna nueva.

*

Algo perdura en mí del toro antiguo
en que montó la hija de Agenor

Por eso se estremece mi espalda con tan vivo temblor
al roce de sus muslos amados y desnudos
y el lecho es otra vez territorio divino
feliz llanura líquida:
Destino.

*

Qué pequeña es la Tierra los breves hombres el tiempo.

*

Estamos caminando sobre el agua, Hombres de poca fe.

*

Cuidemos este Amor de la mirada humana
Esta Unión es alquímica
Habrá que matar dragones
Cruzar desiertos
Responder a la Esfinge
Habrá muchos abogados
Pero al final esperan la Piedra y nuestra Isla
Soñaremos el mismo Sueño
Seremos inmortales
Y tendremos un hijo del Espíritu
llamado Eternidad.

*

Hoy vi a diez mil enfermos con el mal de San Vito
tomarse de la mano y estremecer la calle que atravesaba el pueblo
en una larga
eléctrica
cadena de Dolor.

*

Mis nobles dientes
Mi noble corazón
Mis nobles genitales que ama tanto mi Amada
Mi noble pelo negro y mis rodillas
Y ella
mi amada Carne
Mi Mujer
Mi Señora

Ella
con la que soy la sola carne
sobre la hermosa Tierra.

*

Ella es la Diosa
Ella es el Altar
Es la Sacerdotisa
Y es la Hostia

Y yo oficio con Ella este rito en su Nombre.

*

Fui prodigioso en el Sabbath
Fui un animal nocturno
En mí se conjugaron la cabra y el carnero
Dientes de lebrel negro le di a su Desnudez.

*

Por el pequeño Egeo
Por el Mediterráneo
Por los mares de América
Por el mar tormentoso de estás sábanas blancas
Un grito
un solo grito
un solo grito largo:
EL GRAN DIOS PAN
HA VUELTO.

*

Yo abría las cortinas para que ella se viera:
la Luna de Arriba era la Luna de Abajo
La Luna de Adentro
era la Luna de Afuera.

*

Rompimos aquel tálamo de cedro.

*

Y eyaculé como un maguey cuando florece.

*

He comido de un pan
cocido sobre el vientre de la Diosa.

*

Y este llanto me nace
porque estoy floreciendo.

Mujer dormida

¿Dormida?

¿Hecha cuajado río o luna?
¿Fuera de ti, pálida voz de la tierra?
¿Labio de mármol que oscuro anhelo calla?
No oso acercar manos que tiemblan
a la desnuda y yerma saudade de tu cuerpo.
Bajo las pestañas no sé qué cabalgadas;
qué perfecci6n de bosques y senderos;
qué bueyes con cuernos de laurel adornados
con pardas muchachas en los lomos florecidas.
O nada, o sólo el negro sueño, olvido;
dos profundos pozos sin eco y sin llegada,
tu frente sin huella un mar de nieve,
el corazón como una estrella acostumbrada.
Y el blanco amor que te cubre, nube,
granizo es ya, que te conserva, nítida,
como una paloma posada más allá del arrullo.
Lejos de ti; amarte, verte de lejos;
la cabellera, mortaja de tu sueño.
En soledad, sin hombres y sin dioses.
Grises peñascos; mazorcas huecas; hiedra.

Los dones

Todo me lo ha dado la Poesía:
el paisaje, la Luna, los vientres de las hembras más hermosas
dulcemente paridas por el húmedo vientre de la patria.

Todo me lo ha obsequiado:
la música más honda de la Música
y las huellas de oro
en el ojo de oro de la Imaginación.

Todo me lo ha ofrecido la Poesía.

Incluso las arterias del Tiempo
y el sentido del mundo (Ah.

el sentido del mundo):
Nacimiento, Vida, Muerte, Amor
y Permanencia.

Todo me ha regalado la Poesía:
la Tierra, el Agua, el Fuego, el Viento,
la Mujer.

Ya apestaba el cadáver de la Razón.

Ya perfumaba el aire
el azahar de la Poesía
que me ha brindado todo:
mis bienes terrenales
y el hambre que ha crecido
en el hombre que soy.

Todo me lo ha otorgado:
la manzana y el membrillo,
la sal y el ácido,
el bálsamo y la herida,
el ojo y el paisaje,
el olfato y el café.

Mi admiración por el Águila
y mi agradecimiento a la Lombriz
Todo me lo dio la Poesía:
el sol, las flores, el silencio y la lluvia.

Y yo no supe qué hacer con todo aquello
además de asombrarme.

Y cantar.

Y agradecer.

La niña

La niña chupó la punta de su dedo meñique:
un brillo de diamante se produjo en la uña.

Se colocó de espaldas al gran sol del poniente.

Alzó su mano izquierda:
extendió el dedo humedecido.

Un rayo de aquel sol atravesó la uña:
el arco iris nació.

La niña fue hasta él.

De sus huellas sobre la hierba
brotaban campánulas azules y moradas.

Subió con ágil paso.

Las aves y el viento guardaron silencio.

La niña se fue haciendo un punto cada vez más brillante
mientras ganaba altura.

De pronto
el arco iris desapareció:
los pájaros celebran con asombro nocturno.

En el cielo
deslumbra
la Luna creciente.

Invocación

Lengua de mis abuelos habla por mí

No me dejes mentir

No me permitas nunca ofrecer gato por liebre
sobre los movimientos de mi sangre
sobre las variaciones de mi corazón

En ti confío
En tu sabiduría pulida por el tiempo
como el oro en pepita bajo el agua paciente del claro río

Permíteme dudar para creer:
permíteme encender unas palabras para caminar de noche

No me dejes hablar de lo que no he mirado
de lo que no he tocado con los ojos del alma
de lo que no he vivido
de lo que no he palpado
de lo que no he mordido

No permitas que salga por mi boca o mis dedos una música falsa
una música que no haya venido por el aire hasta tocar mi oreja
una música que antes no haya tañido
el arpa ciega de mi corazón

No me dejes zumbar en el vacío
como los abejorros ante el vidrio nocturno

No me dejes callar cuando sienta el peligro
o cuando encuentre oro

Nunca un verso permíteme insistir
que no haya despepitado
la almeja oscura de mi corazón

Habla por mí lengua de mis abuelos
Madre y mujer

No me dejes faltarte
No me dejes mentir
No me dejes caer
No me dejes
No.

Inundación

El río trajo troncos y lúbricos helechos:
la creciente mantuvo mi memoria anegada.
La inundación es gris.

La niebla húmeda nada
entre ruinas y patos y lúgubres desechos.

Mundos rotos, barcazas, heridas en el pecho
del río, y un olor como a selva concentrada;
un hedor incipiente y una aguda parvada
de gritos en la cumbre del paisaje maltrecho.

Tiembla un dolor de siglos en las aguas impuras
que arrancaron raíces y carcomieron tumbas
que ahogaron yeguas, potros, jardines y espesuras.

Hay un salmo en el viento y un soplo de amargura
y donde antes fluía el licor de las rumbas
sólo queda el gemido donde el aire supura.

Homenaje

Ella llamó para decir te quiero antes de ir y enclaustrarse
Eran las once a.m.

y el sol prendió su corazón rabioso y lo untó en las paredes
Le das un beso dijo en la despedida
Yo se lo di
En la boca en los dientes en la lengua en la saliva y en el alma
Y nos pusimos a recordar la noche en que bailaba
desnuda
bendiciendo la casa con la piel
untando su deseo en el aire nocturno
electrizada el alma
lamido el albo cuerpo por una vela roja
cerrando un solo nudo ciego
chupando espíritu médula tuétano de Dios
en cada húmeda oquedad
en cada prominencia donde brillaba la Delicia hasta engendrar temblor y herida
caídos en el río del Amor
amándonos con uñas y con dientes
con locos labios
con el hongo encendido de las lenguas
hozando nuestro más luminoso lodo terrenal
nuestra carne encendida y floreciendo
y el polvo que seremos algún día
Hace ocho días nos herimos el alma de rojo amor
Hace ocho noches dimos cuenta del cielo
y nos quedó pequeño
Hace ocho tardes que engendramos dioses
bajo la mirada del gran Pan
y la amorosa envidia de los mejores hombres
que nos miraban desde los libreros
Le das un beso dijo antes de enclaustrarse
Y la Memoria se encendió:
cuatro dulces pezones se rozaron
y cuatro pechos se chafaron
y mis dedos volaron sobre los talles ágiles
y los ombligos se buscaron
los muslos se enlazaron
los brazos se abrasaron
en un estrecho círculo hermoso y desordenado
Los ojos destellaron fulgor y miel celeste
Y la golosa gula de mis manos
mil
acariciando la blanquísima grupa
y otras mil
el peso dulce de los pechos morenos
Y las dos cabelleras flotaron y volaron
y bajaron hasta tocar mi rostro agradecido
Y la blancura fue más blanca
y el negror más intenso
Y vi los dos perfiles frente a frente:
los cuatro labios en flor:
la húmeda corola ante su espejo mágico
Y las tres lenguas lúbricas
anudamos con lentitud pasmosa el Homenaje
Y la Diosa sonrió
mientras caíamos hasta lo hondo del Sueño.

Fulgor de mediodía

En el día más limpio la muchacha me llama
Estoy desnuda frente a la ventana
dice su tenue voz
(La miro recostada ante el brillo de la luz:
ante los trinos de los pájaros que visitan el pequeño jardín
y que no puede oír detrás del vidrio donde estallan destellos.)
Tengo mi mano izquierda sobre el pecho: lo acaricio.

Le pido que acomode el teléfono en su hombro
y que coloque la otra mano sobre su rosa crespa
Su gemido responde
Me estoy tocando dice
Siento pena
Yo insisto en que me obsequie su pena y su deseo
Oigo el silencio
Luego se inunda el cable telefónico de gemidos
quejidos dulces sollozos cálidos lamentos
respiración alterna: pareja y delicada entrecortada y áspera
Luego un corto chillido
o una nota de llanto
Oigo
un suspiro final
y el aletargamiento de su lengua
y sus guturaciones
Vierte
sobre las doce horas del día inerme
su líquido su miel su jugo más brillante
Se inundará de luz el cable telefónico
la red entera la nervadura oculta de la ciudad monstruosa
Habrá miel en la voz de las mujeres plenas
Respingarán las leves columnas vertebrales de las adolescentes
con un inesperado escalofrío
Habrá erecciones repentinas en los hombres de todas las edades:
súbitos estremecimientos en los niños pequeños
perturbadoras sacudidas de excitación en las ingles juveniles
vaga satisfacción en la sonrisa
y un fulgor libertino en la mirada de los viejos
¿Me has sentido? pregunta su voz tierna
Yo palpo mi dureza
Oigo mi ancha respiración
en el quebrado silencio del mediodía
Siento pena murmura
Pero escucho su orgullo
restregándose eléctricamente con el mío
Aquí
el único avergonzado
es el sol.

Fin de fiesta

Esto empezó con besos
Ahora es un rosario infinito de dolores
y sordos y llagados lamentos

Alacranes en doble dirección
fluyen
cuando los labios quieren acercarse
de nuevo.

*

Miro a la bestia sonreír
resbalosamente

De su hocico fluyen palabras negras:
se transforman al contacto del aire
en gotas de una rarísima baba purulenta
que caen
y corroen la madera del piso.

Elegía frente al río

.el triste corazón de los humanos.
Percy B.

Shelley

Las once de la noche
y el trópico descansa de un combate feroz contra sí mismo

Vuelan nocturnas mariposas torpes
Hiende la luz el agua
Canta un sapo en la sombra que parte en dos la noche:
denso muro de grillos

Y estoy aquí
sin tus libros a mano
Oigo pasar el río
que un kilómetro abajo se junta con el mar

Fluye despacio la memoria:
te conocí bajo el árbol de imágenes
con el que reconstruiste el universo

Pardeaban los sesenta
Se hacía más confusa la confusión de los dieciséis años

Adivino la palabra por tu voz
de algún modo
Pero sucede que no será posible decírtelo
ni oírte
ni mostrarte jamás mi primer libro

A veces
la vida muestra todo su obsceno resplandor
Entonces
el tiempo es una gota congelada
un golpe suave que nos calla un segundo
y fija con extraño poder la circunstancia

Sucedió hace dos noches
Iba a leer en público
y alguien dijo tu muerte de repente

Ahí empezó todo esto

Sembrada está en el fondo del oído esa semilla amarga

A orillas de mi voz pienso en Manrique:
oigo el río de Tuxpam que un kilómetro abajo se junta con el mar

El trópico descansa

Entra Raúl Garduño al pensamiento

Adviene la palabra
Muerde el tiempo:
las once de la noche
para siempre.

El regreso

Las tres de la mañana

El invierno planea
entre girones densos de la noche
y los pies trashumantes de la niebla

Las ráfagas que vienen de sus alas
zumban entre las ramas:
congelan el rocío en las ventanas

Afuera todo es frío

Pero yo vengo de tu cuerpo
Y estoy alegre
reposado
tibio.

*

Por las calles vacías sigo tu auto

La madrugada arrastra su cabellera larga

Vengo de estar en ti
Con cada fibra muscular bebí tu cuerpo
Fui por el túnel del deslumbramiento
como el que va cayendo en sueños

Vengo de ahí
De los labios donde una herida roja
bebió la vida en otra

Ahora recorremos las calles somnolientas

Vamos por la ciudad
como si fuera una extensión del lecho.

*

Ante el golpe de luz con que las hiere el auto
las piedras se incorporan van cerrando la calle

Los árboles arrancan su cuerpo de la sombra

Ahora somos la calma
el reposo del mundo
la oscuridad
El pozo de lo diario.

Después te dormirás

Después te dormirás
Bajo tus ojos se dormirá el sueño

La piel no duerme nunca
Me mantiene despierto
Por eso no quiero ver tus labios
en silencio
dormidos

Quisiera despertarte
Traspasar la delgada película del sueño
Habla
Que todo viva
No quiero más este apagado grito.

Canto en voz baja

Triunfará del olvido tu hermosura
Francisco de Quevedo

Éste es un canto para ti
Entero como el aire que pasa y acaricia las flores del durazno
Feliz como una noche total
Dulce como los niños que se enamoran de su maestra
y no saben decir dónde les duele y lloran

Éste es el canto de tu cabello largo como la tarde
Arroyo donde el sol se sumerge
Agua donde mis dedos arden como peces
Red que sale del mar cargada de colores
Arena fina entre mis manos

Éste es el canto de tu mirada que hace danzar los árboles
Que hace hermosos a los perros y al aire triste de la ciudad
y a la ciudad y sus muertes innumerables

Canto a tu mirada Refugio de la luz
casa del día como quien canta las pozas bajo la espesura
de los bosques
Canto la frescura y el brillo
la calma y la tentación del hundimiento

Este es un río que de golpe avanza
y se transforma en viento sobre los pastizales
y se hace luz sobre el espacio azul.

Canto tus labios que tienen el grosor de la dicha
y se encienden como mínimos astros
en el instante en que los rosa levísima el ala del deseo

Canto tu lengua frutal
que deja reposar su tacto sobre los labios rojos
que se posa en los dientes y los envuelve y acaricia y enloquece
y los hace morder
raíz oscura
la pulpa del deseo

Canto tu talle besado por el día
Luminoso tobogán que va de la razón hasta el delirio

Canto tu grupa tensa de potranca
Viva como el trino de todos los pájaros del mundo
Tus ancas plenas como sandías
jugosas y mordibles como manzanas madurísimas bajo
el ocio del sol
Nido de mis manos hechas palomas tibias
Libro en que se lee la historia verdadera del hombre
De los hombres

Tus nalgas pesan en mis muslos con la densidad de la tibieza
Se mueven con un sentido exacto de rotación
Duermen junto a mí por el tiempo necesario
Y no se sacian nunca
Y no me sacian nunca

Canto tus rodillas vivas relucientes
Tus muslos tersos y fragantes como el interior de un mango
Tus pies tibios y dulces suaves y delicados
amorosos y tiernos como la mirada del huérfano

Canto tus pechos que se levantan de la blancura total
Tus pechos y su redondez total
Tus pechos y su aureola perfectísima
impresionable como la planta sensitiva al soplo al toque
mínimo

Canto tus pezones
Canto el color de tus pezones
Canto el color de tabaco en tus pezones

Éste es en fin el río que gota a gota te construyo

He querido cantar sobre el papel como sobre tu cuerpo

He quedado rendido
Lacio y fatigado como los días después del temporal

Déjame descansar junto a tu cuerpo
Sobre tu vientre

Arrópame.

Baudelaire

(Transparencia en rojo)
Un espíritu, una sombra pasó frente a mi rostro
y el vello de mi carne se me puso de puntas.

Elifaz de Teman (Job 4:15)
Baudelaire: cerebro crudo.

Alma llena de sangre:
alma que es un rubí como un puño cortado.

Leo
y tengo a Dios en las venas.

Y el cielo a punto de llorar.

Pero no llueve.

Tan sólo se humedece el aire claro.

Baudelaire: alma suelta, labios apretados.

Entre sus dientes tiemblan las uvas y el agraz.

Dolor: copa de llanto.

Cilicio, aguja, espina, brasa viva para el ojo del niño:
para la fresca piel de la Inocencia.

El padre muere: hachazo.

Mamá se casa con Aupick: sal sobre la herida.

Nos ofende la vida en tantas formas.

El mariscal Aupick lo quería diplomático.

Ah, el insoportable Aupick, siempre tan correcto.

Era más tolerable viajar hasta Calcuta.

Soportar marineros y soldados ingleses.

Y resistirlo todo, incluso el mar,
el intolerable mar.

Pero los marineros
que atormentan albatros y torturan poetas
no merecen tanto.

Calcuta es demasiado.

Es mejor regresar.

Calcuta se quedará sin Baudelaire.

Los ojos de Baudelaire nunca verán Calcuta.

Desesperado, solo, exasperado,
desgarrado, maldito, abandonado,
hostil y dulce, santo y condenado,
vil, amargo, feroz, envenenado,
desencantado, trémulo y alado.

Después
los setenta y cinco mil francos
como herencia de Monsieur Baudelaire
y la vivienda de dandy frente al río.

(Mirad la larga cabellera del poeta
sobre su atuendo de galán:
la muerte, ante sus ojos, baja la vista.)
Y el río fue mirado por aquella cabeza que pintó Delacroix
y que tú, oh Charles Baudelaire, mirabas diariamente.

Pero a ti, a Delacroix, a la cabeza y al río,
los miraba, en la sombra, un patriarca mayor:
el Dolor.

Tenías aquella mesa de nogal,
aquel mueble de genio que celebró Banville
y en el que hubiera sido tan difícil escribir cosas vulgares.

La mesa floreció
y un nuevo escalofrío hizo despertar al siglo.

A varios siglos dormidos a su alrededor.

Las flores del mal.

Saltan chispas en el lomo del siglo
como en el lomo de aquel gato de ojos fosforescentes
que juega con las almas perdidas
en la oscuridad.

Ah, Baudelaire, espantando burgueses con frases como
Yo, que soy hijo de cura.

o
Cuando arrojé a mi querida por el balcón.

o
¿Ha comido usted sesos de niño?

o
Después de haber asesinado a mi pobre padre.

dichas con aquella naturalidad, con aquella corrección.

Temblarás, Baudelaire, ante el misterio de una mujer desnuda.

Las mujeres.

¿qué conversación pueden tener con Dios.?

Lo preguntabas porque lo sabías.

La verdad es aristocrática:
una mujer conversando con Dios: el Monólogo.

Y aquella Venus negra.

La negra de ancha grupa y ojos profundos como el Deseo.

Por la negra la locura, el amor, los celos,
la rabia, el odio.

Y sentir su desprecio, su desdén.

¿Qué pueden saber de eso los señoritos que se recuestan
en el hombro de un viejo pederasta?

(Qué pequeño es el diablo Rimbaud junto a este santo amargo.)
Baudelaire:
de su libro nos caen en la inerme pupila
las purísimas gotas de un líquido diamante rabioso:
la humana flor.

Hierve en las venas Dios
cuando leemos sus versos, cuando comemos pétalos de flor,
cuando comemos su corazón crudo.

El mariscal Aupick te quería diplomático,
te quería hombre de bien
y tú le diste esas flores del mal
capaces de engendrar el fruto de la Inmortalidad.

Después vendría el triste señor Pinard y aquel proceso
que instituyó la Estupidez contra el Genio.

Y la miseria, las deudas, la cárcel
y los préstamos,
ante los cuales se humilla el santo
recibiendo en la frente
el sucio escupitajo de Mammón.

Y Jeanne Duval, la antigua reina negra,
se convierte en un espantajo paralítico:
en un bagazo de hospital.

Y el Poeta, solo,
maldice su raíz
(sus antepasados idiotas)
que lo ha hecho raquítico, mal conformado,
predestinado a engendrar niños muertos.

Sólo el orgullo lo hace resistir el guiño de la Muerte.

Y luego, con algo de esperanza, el viaje.

Choca con el pueblo más bestia de la tierra, los belgas,
que son monos y moluscos y rumiantes que no digieren nada,
los papanatas y canallas de ingenio excremental.

Después vendrá la sífilis, la caída del pelo, la debilidad,
las súbitas caídas, el vómito, el frío sudor,
el viento del ala de la imbecilidad.

Y las palabras que volaban solas
como un remolino de palomas
completamente ajenas a su voluntad.

No puede pronunciar sino sílabas sueltas.

Y el hombre que nos hizo ser más hombres
alguna vez olvidará su nombre.

Luego el ancho desierto: la vida de hospital.

Con el cuidado de las buenas monjas,
con la ayuda del médico,
con una gran paciencia,
llegará a pronunciar frases como
Buenos días señor.

Buenos días.

Señora.

y poco antes de morir
La Luna es bella.

¡La Luna es bella!

Luego muere.

Sin palabras.

Es el 31 de agosto de 1867.

Tiene cuarenta y seis años.

En su cráneo quedan sólo unos cuantos mechones blancos.

Y el cerebro cocido.

Adviento

Amaneció
: la Luna ocupa el lugar del sol
¡Florecieron los cuernos del venado!

Las mujeres embellecieron a tal grado
que su dulce mirada paraliza y asombra
He visto a muchas en la calle
: caminan sin tocar el suelo
Las estatuas se inclinan a su paso
mas las dulces muchachas no lo notan
: van como mirando lejos
Pasan
Queda en el aire un toque de almizcle delicado
Dejan en la garganta una opresión deleitosa parecida a la muerte
: en el pecho nocturno de los hombres brotan ramos de llanto
Anochece
Cierro los ojos
: en cada piedra negra hay una flor azul
Otra vez arde
el sol.

In memoriam

Madre del alma, madre: Es la hora en que pienso
las cosas más amargas.

De par en par abierto
está el ensobrecido palacio del recuerdo.

Por las desiertas salas, bajo los sacros techos,
la vieja pompa es humo; toda la casa, un hueco;
y en el hogar, tú sabes, que es ya ceniza el fuego.

Así es la vida: polvo.

Menos que polvo: viento.
Menos que viento: sombra.

Menos que sobra: un eco.
Acaso un eco inútil.

¡O todavía menos!

¿Qué me quedó siquiera de tus sagrados besos?
¿Qué me quedó de aquellas caricias de otro tiempo?
Polvo en la frente.

¡Vana ceniza entre los dedos!

¿Qué me quedó siquiera de tus postreros besos?
Contigo se callaron.

Contigo se durmieron.
También los enterramos, dirá el sepulturero.

Por el callado alcázar de mi recuerdo, yerro.
Contémplanme las quietas cariátides de yeso,
y hay una que interroga: ¿Qué quiere acá, ese muerto?

Córdoba de las campanas

Eran unas dulces
claras notas finas.
Eran las campanas
de las Catalinas

Eran un canto alado
como de promesa.
Eran las campanas
de Santa Teresa

Eran una voz
diciendo un distinto.
Eran las campanas
de Santo Domingo

Eran una voz mansa
llamando al aprisco.
Llamaban a misa
las de San Francisco

Eran unas voces
de amor hecho sed.
A misa llamaban
las de la Merced
Eran una voz llena
diciendo María.
Eran las campanas
de la Compañía

Eran unas notas
de bronce y cristal.
Con altos acentos
ahuyentando el mal

O Gloria diciendo
con el claro metal.
¡Eran las campanas
de la Catedral!

Serán como risas
cuando ríen dos,
repiques del Huerto
y del Niño Dios.

Sobre las ruinas

Ayer pasó la muerte por mi casa.
Se hizo una noche solitaria en torno,
y en medio de las sombras de la noche,
se hacinaron escombros sobre escombros.

El isócromo golpe de las picas
desmoronó el hogar.

Así fue cómo
se desplomaron los antiguos muros,
y hoy ya no son más que ceniza y polvo.

Un agrio ruido de hachas rechinaba
en el huerto infeliz.

Tronco por tronco,
los árboles cayeron en un vasto
montón sobrío de ramajes rotos.

Noctívagos murciélagos, rondando
por el húmedo ambiente borrascoso,
con sus alas de trapa y de tiniebla
marcaban el compás de mis sollozos.

Unos búhos graznaban en la sombra.
Transido de terror, clamé socorro.
Dos búhos de la sombra me escucharon.
Se asentaron los dos sobre mis hombros.

Desde entonces, de pie sobre las ruinas,
a los recuerdos del ayer me acorro;
y cuando nadie mis angustias sabe,
doblo la frente, y por mis padres lloro.

Magia negra

¡Atadla!

¡Desnudadla!

¡Sujetadle
los brazos con la propia cabellera!
¡Sujetadle los puños por la espalda!
¡Cerradle el nudo con sus mismas trenzas!

Machacad entretanto en el mortero
hasta que polvo imperceptible sea,
la antigua pasta.

¡Machacad de modo
que en un polvo infernal cuaje la mezcla!

Mientras esto se cumple, vieja maga,
no olvides a las cómplices estrellas.
Yo cuidaré del trébede maldito,
donde el incienso que enbrujaste humea.

Y cuando tú lo mandes, profetisa,
yo mismo entre las carnes traicioneras,
le marcaré el tatuaje, poco a poco,
conforme al rito de la magia negra.

La hechizaremos con tan grave hechizo
que una roja locura la enceguezca,
y con los ojos ciegos, desolada
por infinito horror cruce la tierra.

De modo tal que el sacrilegio horrendo
que así me libra a la tieniebla eterna,
sea el crimen más cruel que hayas cumplido,
¡sacerdotisa de la magia negra!

Que así la amo y así por su pecado
pierdo el alma en las hórridas tinieblas.
¡Sacerdotisa!.

Sí.

Nada me digas.
¡Sé que el octavo círculo me espera!

Pues yo mejor que tú sé de tus artes,
y mucho más que tú sé de tu ciencia.
Por eso, por tus signos te lo juro:
¡Ay de ti si la cábala te yerra!