Olvidado de silencio y mancha

Los silencios deben parir por ende
silencios para permitirte sentado en el origen
nuevamente elegido tú mismo rey de tus melancolías
encontrarte.

Una oscuridad nace en tus alas
te amordaza los pulmones novios
bajo el humo en la basura trazada
con el pelaje disperso de las fieras
peleándose un pedazo de luz…
sombra raída abismo recorrido
maletines con secas melodías
por donde la voz ya no asoma.

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Pasos

Plata encendida tus pasos de romero al sol
mis pasos
bruma y montaña el mundo nuestro
aposento en que te ríes
reímos la extensión de transvelar
nuestras naves al desvelo
volar volar volar

única circunstancia
de ti sin ti descarnado
tan tuyo, tan mío sin ti
sin aquel que nunca fuiste
no vale un astro, no vale mar
no vale cielo cegándonos.

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Residuos

Primero.

Duelen las farolas. Un papel
volante gris escapa
la calle que me lleva al parque
regresa a mi
al ojo de mi padre
abriéndome la puerta.

Segundo.

Alrededor las formas
que vagaron
la vida más querible
cuando aún no la sabía.

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Saltar

Saltar de alguna forma el mediodía
crecer en el crepúsculo
tocar la yema
fruncido el llanto. Vernos
inmensamente labios desnudos
enfrentar tu nombre
mi nombre, nuestros nombres
nunca abandonados en los parques.

Acaso el polvo en sus cuatro estaciones
nos sepulte.

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Sin domingo

Era de granizo el verde derramado
junto a la blancura el pájaro de hielo.
El cielo nace al hombre atento
que mueve el pan nerviosamente,
lanza migas, borra la pregunta
y atado a su parque ya es carámbano.
Digan lo que digan no te importe
el canario comprimido que no muerde
ni que crezcan retoños a la ausencia.

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Súplica

Déjenme entrar allí
donde pastan las hormigas de otros cuerpos.
No me cierren las puertas
donde muero
sin olor a poema
sin reloj
sentada en el último banco de mis versos.

Déjenme entrar allí
donde no hay bruma en la palabra
donde mi cuerpo
siente el equilibrio de los ojos despiertos;
allí, donde los muertos
tienen su propio corazón latiendo.

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Tu lengua

Tu lengua es el país de fuego
donde no hay relojes,
donde la palabra dura y difícil,
da vueltas y vueltas
peregrinando a trancos
donde el salivajo
mancha los manteles
sin cortarle el paso.

Cuando un solo de tripas la sorprende
en el deseo de ahorcarse
envuelta en una tira de bacon,
queso horadado suizo
y un pedazo de pan,
tu lengua de azúcar
rompe las murallas de la mala palabra,
se instala en el café
después de la certeza de ser dios
prendido al paladar
por las diptongaciones.

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Un deseo

Un deseo de ríos y palmeras
me tiembla entre los dedos
enredándose
en la voz del tiempo
tan cansado
que va nombrando las calles
donde nadie ha pasado llorando desde entonces
y está en juego el recuerdo de la piña
fermentándose en las venas,
en mis labios que desean el azúcar,
o ese tiempo del regreso
al amarillo de un girasol despierto
centro de fieltro
encrucijando tiempos.

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Un nuevo oficio

Mirar desde la altura de un padrenuestro las azoteas envueltas
en la niebla, los amores furtivos, las peleas de vecinos y las
cabezas de los paseantes, es un oficio que se pierde en los
balcones de las viejas usureras y escurridizas como lentejas en
días de hambre.

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Van los trenes

Los trenes pasan
a ambos lados de Dios
sin arruinar la muerte
que lima cada paso.

Ausentes de palabra
de leyes, de constelaciones
caminan lentamente
mordiendo las arenas sin pudor.

Se anaranjan
descienden, almas en pena;
después de las campanas
anochecen.

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Yo, tú, los árboles

I
Yo, tú, los árboles perfectamente
juiciosos entre el día y la noche
las calles blancas largas dóciles
desatándonos
llenas de ti, llenas de mí
quitándonos el polvo.

II
Dejé de besar
de silbar al lunajero de tus pies
para que nada
interrumpa, me interrumpa
tu carrera tantas veces proscrita

Equivocadas entre sexta y nona
emigran ocasiones
llevándonos de en medio
lo que más queríamos.

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DESNUDO

Su cuerpo resonaba en el espejo
vertebrado en imágenes distantes:
uno y múltiple, espeso, de reflejo
reverso ahora de inmediato antes.

Entraba de anterior huida al dejo
de sí mismo, en retornos palpitantes,
retenido, disperso, al entrecejo
de dos voces, dos ojos, dos instantes.

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Mariano Brull

La luna y el niño juegan
un juego que nadie ve;
se ven sin mirarse, hablan
lengua de pura mudez.
¿Qué se dicen, qué se callan,
quién cuenta una, dos y tres,
y quién tres y dos y uno
y vuelve a empezar después?

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EPITAFIO A LA ROSA

Rompo una rosa y no te encuentro.
Al viento, así, columnas deshojadas,
palacio de la rosa en ruinas.
Ahora —rosa imposible—empiezas:
por agujas de aire entretejida
al mar de la delicia intacta,
donde todas las rosas
—antes que rosa—
belleza son sin cárcel de belleza.

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VERDE HALAGO

Por el verde, verde
verdería de verde mar
Rr con Rr.

Viernes, vírgula, virgen
enano verde
verdularia cantárida
Rr con Rr.

Verdor y verdín
verdumbre y verdura
verde, doble verde
de col y lechuga.

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VÍSPERA

Al caos me asomo…
El caos y yo
por no ser uno
no somos dos.
Vida de nadie,
de nada… —No:
entre dos vidas
viviendo en dos,
víspera única
de doble hoy.
Muere en la máscara
quien la miró,
yo —por dos vidas—
me muero en dos…

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Café

Negro néctar
Amargo como la memoria,
Dulce como los recuerdos,
Filtro del amor eterno
Que me llega de tus manos
Cada amanecer,
Salutación del nuevo día,
Comienzo de la jornada.

Los vapores que le acompañan,
le siguen, o preceden,
Traen consigo el furor de las batallas,
El aroma de momentos repartidos,
El sabor de las noches en desvelo,
La zozobra de las fiebres de los hijos,
Lecturas de poemas a altas horas,
Veces que nos rendimos,
Las victorias,
Las derrotas,
Los fantasmas,
Los augurios…

Poción, bebedizo, pócima, brebaje
Que oculta los hechizos,
Ofrenda mística
Más de dioses que de hombres,
Licor que se brinda a los amigos,
Que aleja el sueño
Y deleita a los sentidos.

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Cita a ciegas

Anuda una venda alrededor de tus ojos
Déjate guiar por el aroma de la hierba buena
Colócate de espaldas al viento adverso
Siente el sol en la frente
Desdeña los caminos
Los campos de amapolas
Sumérgete en el bosque
Persigue el canto de las aves que huyen a tu paso
Sigue más allá de tu cansancio
Hasta hollar la línea del horizonte.

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Memorias de reptil

La voluptuosidad de mi cuerpo ardiendo lentamente,
Reverberando bajo los rayos del sol
Contra la blanda arena.
Estirarme perezosa y volver la otra mejilla…

La increíble, inagotable sensación de subir,
Trepar, escalar,
Todo lo que sea subible o trepable o escalable,
Siempre hacia arriba, rumbo al cielo…

La piel pegada a la corteza vegetal,
Su rugosidad arañando mi carne,
La soledad de las ramas más altas,
De nuevo el sol que nos calienta…

El amor por tenderme a dormir en las piedras,
El placer por huir, por ocultarme,
Por mutar de envoltura si es preciso.

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Promesa

Ama a la mujer
Y no al fantasma.
Toma los defectos que te ofrezco,
Desdeña las ilusiones,
La figurativa imagen de perfección
Que has ideado
Porque soy de carne,
De humanidad,
De años transcurridos,
De recuerdos hecha.

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Receta para crear un pintor

Para sentirnos pintores
No hace falta llamarnos Da Vinci o Picasso,
Más bien, necesitamos:

Tener 5 años por fuera o por dentro,
Una idea genial, incluso sin musas,
Una tarde lluviosa que no permita ir al parque,
Una vestimenta vieja y cómoda
Que pueda embarrarse a gusto
(si se coloca al revés, da buena suerte).

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Los amores cobardes

Ah los amores
cobardes
Son
como las canciones finlandesas:
deben tener su encanto.
Amables
instruidos
a veces hasta conversan.
Reciben los miércoles
de 7 a 10
y descansan
los fines de semana.
Guardianes de la cordura
piensan que hacen el bien
y son inteligentes
porque son incapaces.

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Memorias del magnífico

Cuando tú eras magnífico
cientos de naves venían a estrellarse
en los desfiladeros de mi sombra.
Yo miraba en tus sueños
con la inquietud del náufrago
y jugaba a nombrarte monarca de las islas
mensajero del aire.
Cuando tú eras espléndido
mi cuerpo el cantil que frecuentabas
y yo una especie perseguida en vano
escuchaba en el viento encantadoras
músicas
levantaba mareas
y subía por la furia homicida de tus olas.

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Parte de guerra

No se puede matar a una muchacha
y acomodarse luego en los abismos de la vida ordenada
para vivir impune frente al vértigo de su último aroma,
de una cita larga, obstinadamente imaginada.
Aunque su muerte diera la alegría a los seres perfectos
y, al pie de su recuerdo, el homicida
los más turbios secretos recabara:
no se puede matar a una muchacha
que florece en los sitios despoblados de una última tregua
y en deuda con su luz
fomenta el caos
abierto el corazón.

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Triste oficio

Poetisas, dijeron.
Serán tibias
y falsas
y pequeñas.
Aunque seres livianos,
no tomarán altura porque son imperfectas.
Pero si alguna toca en la palabra
como el burro en la flauta
postulemos que es mucho hombre esa mujer
y no
que es mucha mujer un ser humano.

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