Himno a la castidad

La canción ignorada entre las valvas
del corazón sospecho floreciente
como un ímpetu ciego que me tienta.
Que sea no lo sé, pero me llama
esta fruición oculta que sorprendo
dentro de mí tendiéndome en sus brazos
como en lecho de sierpes entre cercos
de algún rosal.

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Himno a la vida

Cuando eras una joven indefensa
con aquel cuello frágil levantando
la lozana cabeza en que esplendía
el amplio sol su dulce arrobamiento,
y cual pájaro o flor que nada teme
abre al espacio el curso de sus alas
o sus pétalos tiñe ardientemente
con el claro rubor de su existencia,
entonces te canté como si hermana
fueras de mi ilusión, y en tu regazo
fraternal vuelo alzaba contemplando
esa faz adorable.

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La canción

Presiento una larga noche de silencio,
una pausa misteriosa sin palabras,
como si unos brazos doblados como plumas
recogiéranse de nuevo en su originaria mudez.

Lo que se habla al mandato de la poesía
no da luz al que dice sin quererlo
esas aterradoras resonancias antiguas
enviadas como rayos sobre la paciente humanidad.

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La higuera

(Apunte para una oda anacreóntica)

No sé si era nostalgia.
El amor y el recuerdo
estaban confundidos en mi ser.
Entrelazados quedarán en la memoria
como un sueño que resplandece,
y el corazón seguirá ignorando
el origen de tanta clemencia.

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La isla

Felicidad, no supe hasta este día
que como un abanico entre sus pliegues
guarda en sí ese paisaje deseado
del aire, tú en ti misma te encerraras,
sin que el hombre cansado consiguiera
ver llegar a sus sienes la frescura
de tu aliento.

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La melancolía

En los postreros días del invierno
las claras lluvias alzan del abismo
un velo luminoso. Despejados espacios
flotan sobre las aguas invernales,
y un recóndito prado verdeante
surge ligero. Entonces una sombra
graciosamente andando reaparece
hacia el claro horizonte derramada,
y tras su espalda se abren los rumores
de una ofrenda gentil.

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La primera tentación de la serpiente

En el tiempo en que el hombre estuvo solo,
en la paradisíaca complacencia
de lo creado, errante por los bosques
de las primeras sombras tentadoras

al descanso, cuando el sol y la luna
parecían venir y suspenderse
para mirar atónitos la gracia
originaria, el don de la sonrisa

en este solitario favorito
de la divinidad, un gran trastorno
turbó sus naturales inocencias
porque la sierpe atenta le espiaba

sus paseos dichosos.

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La rosa

La imagen del amor como una rosa
abre sus encendidas ilusiones
y sobre el tallo esbelto resplandece
su oscura primavera deseada;
el naciente reflejo de su sombra
nubla el claro contorno de la vida
y nos absorbe su letal aliento
cual la luz la cautiva mariposa.

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La siesta

Si alguien me preguntara cuando un día
llegue al confín secreto : ¿qué es la tierra?
diría que un lugar en que hace frío
en el que el fuerte oprime, el débil llora,
y en el que como sombra, la injusticia,
va con su capa abierta recogiendo
el óbolo del rico y la tragedia
del desahuciado : un sitio abrupto.

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Las lágrimas

Las lágrimas son el vino de los ángeles.
San Bernardo

Un día el hombre vio llorar al ángel.
Algo había pasado en los espacios,
algo muy tierno o algo muy terrible,
y el hombre contemplaba conmovido
la alada criatura en su congoja.

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Las mentiras

Tema para una canción

No puedo sino amaros
estrujando vuestras veleidosas acechanzas
sobre mi pecho estremecido,
porque ¿de qué otra cosa podría vivir?

Recordar la vida pasada
es como regar el huerto de vuestras sombras,
y suspirar por algo desaparecido
es levantar las ciegas estatuas de un jardín.

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Las violetas

A la memoria del poeta romántico
Enrique Gil, que cantó a la violeta.

Una leche nocturna os amamanta
en el triste regazo de los sueños;
la oscura palidez tiñe las hojas
de vuestros leves brazos somnolientos
y al fin, en la espesura humedecida,
queda el intenso beso de la noche,
su mortal arrebol allí dejando
la tardía belleza; ya la aurora,
rosa y apenas verde como todo
lo que se inicia, extiende su mirada
sobre el mundo, que lleno de rocío
simula un despertar; sólo vosotras,
ajenas al placer de la mañana,
conserváis ese lívido trastorno
de la noche perdida, y allí envueltas
en vuestra huraña y misteriosa sombra,
cual si, morado pájaro en la tierra,
más que savia, un latido os levantara
del sopor vegetal; porque entretanto,
la noche, el fresco viento o el poeta
os dejaron el cárdeno suspiro
del gran enamorado que no vuelve.

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Los idólatras

Cada cual a través de las tinieblas
ansia de luz advierte en las entrañas;
cada cual va buscando con anhelo
un confín que recuerda desde niño, niño
una aquietada llama. ¡Y para cuántos
esa luz es abismo en que naufraga
su dulce y loca libertad transida!

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Los muchachos

Homenaje a Porfirio Barba-Jacob

Me veo precisado a repetirlo
una vez más: mis solos compañeros
de ruta y lecho: jóvenes que fuisteis
mi tentación más firme y el encanto
de mi flaqueza. Debo repetirlo
por última verdad: os amé a todos
cual si fuerais el mismo y el distinto
que cada vez mostrábase a la vista
como un primaveral brotar de nuevo:
fuisteis David, Tobeyo, Albano, Cinthio,
y aquél que no durmió nunca en mis brazos
pero supo decirme como nadie
que me quería.

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A Miguel

Te habías quedado todo el día
allí, de pie, mirando las montañas,
y era, dijiste, alimento
para los ojos, corazón
quebrantado. Yo pasaba, parece,
en el atardecer,
andando en bicicleta por un sendero.
Lo cuentas y quedo contemplándolo
con esperanza, una buena esperanza
nodriza de la vejez.

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