Carta a la esposa

Estoy sentadito en un banco de niebla
pensándote conversándote extraviado
conversándome pensándome cautivo
separado de vos por la lluvia
el enjambre de cipreses
la punzada de la tarde
aquí reiventándome la fantasmagoría de las palabras
la magia del trance vértebra tras vértebra
en la piel de la herida perpetua la posibilidad del vuelo
pajarito / machete
que volás con mi muerte alrededor de la mesa
al acorde de las horas
intento un gesto para tu cabello de lentejuelas
rostro de cristal azul
para tu voz adormecida en el teléfono
intento un desabroche del duelo en la cintura de tus ángeles
espuelita de mango en la noche de gangoche
para patrullar mis cementerios
intento pero retrocedo intento en el mangle de tu deseo
litoral encrespado por el temporal de tu vientre
ola que rueda y muere y rueda por todo el universo
espera la luz del encuentro en el fragor de los cuerpos
dentro de tu sexo de astros empapado por la semilla de polvo
la nieve amarilla del tiempo
retrocedo pero intento retrocedo cisne calcinado en los abetos
canto de rosario de reyes destronados estrella del sur palma venus
cascada de más estrellas astros estrellas que persigo
para descubrir nuestro pesebre sin mulas ni bueyes sino musgo hierba seca
ciudad fragmentada de los diciembres
rehuyo entonces pero peleo rehuyo
empapelo las paredes con estos ideogramas
parpadeos gritos contraespalda caballo desbocado
en tu falda salto lanza salto
caigo
viacrucis de luciérnagas vasos botellas velas apagándose
cristus rotos
vírgenes guardadas en anaqueles con azafrán de medianoche
olor a azufre sudor hierbabuena pasos en la otra habitación de arena
golpeo finta golpeo finta
paredes de humo
puertas de avena
golpea bajo golpean arriba golpeamos en el centro
sombras en la caverna me llevan
caigo
caigo
caigo
caído
mi descanso es una camilla sin descanso una camilla de niebla
no descanso los miércoles ni los sábados
tu santo es mi santo grial mirasol en el portal en el oratorio
en el altar de flores papel crepé con su mantelito de gamuza
mirame como rezo en tus rodillas me poso nuevamente en tus pechos
beso tus manos tus ventanas tus pies beso todo tu cuerpo
lo beso en la noche del milagro
paseo por tu jardín de alucinaciones con riesgo me incendio
paseo pero el milagro no sucede
sucedo fuego transparente interno externo
no me digás que sos arrepentimiento
decíme que me querés pero no en tus secretos
en tus viajes de notas muertas en tus cadáveres
no por teléfono decíme que me querés
como en aquél pueblo donde ahora dibujo incinero manoteo
detallo una vez más tus pechos tus volteretas en la almohada del silencio
para no despertar a la niña que llevabas por dentro
dormida a nuestro lado
decímelo suavemente ¿tenés remordimiento?

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Escultura

No, con las manos tiranas de Rodin no
sino con las del poeta de Las Elegías…
o las de Camille (o Clara) la mayor desprotegida

Con ellas o las tuyas para aspirar al escriba
que logre modelar tu silueta en la noche
donde se confunden brazos torsos y sonrisas

O tal como el otro poeta
el de la frontera
que con bastón y boina
hiciera de María su amazona primigenia

Porque no espero el almuerzo ni la cena
mientras das los últimos toques a una figura

Se trata de tus huellas en los modelados
las que atenazan el barro como tus muslos
con el fuego que enloquece a los hombres

Porque el barro y su envés
en la alquimia de tus destrezas de mujer
son el aguafuerte donde nunca escribiré
acaso el vano intento de abarcar tu onda expansiva
para expresar que tus manos, no las del tirano,
propician y elaboran todas las formas de la vida

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Carta al hijo

Sería difícil escribir esta carta sin evitar las justificaciones
digresiones de caída y vela hinchada hacia el poniente
en el fósforo del Báltico un amanecer de lluvia y lágrimas
con el rostro frente a las paredes blancas de un hospital invernadero

¿Será difícil inventariar las lunas los cruces de esquina
los caballos estivales galopando a ambos lados del transiberiano
las noches de vodka alrededor de la ausencia sin tus pasos?

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Yo es otro

El poeta es otro yo
cuando paga el alquiler
los recibos de la luz o el agua
los víveres en el super
los libros las cervezas
el préstamo en el banco
la sonrisa en el programa

o cuando pide de a fiado
se expropia de sus versos
se emborracha gruñe
lanza denuestos
y se pavonea en la fiesta
a la cual nunca fue invitado

pero cuando escribe es él
el propio el real

aquél que afeita la mañana
ante el espejo de la comedia
y la escama de la función cotidiana

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Road poem

Emergiste una mañana cuando la nieve
en mechones se congregaba alrededor
de pinos cipreses empalizadas setos alerces

Tu madre en el desafío de sangre y júbilo
había cruzado vidrieras entre lentejuelas algodones
leyendas de un padre desaparecido
abandonada la abuela en el jardín del desconsuelo
y en trance de improvisar oficios y afectos
vender empanadas amasando el barro
o en traslaciones a ferias de artesanía como auténtica cazadora
para armonizar la savia desde barrio Escalante
La Granja alrededores de Muñoz y Nanne
o en las casitas de limo de San Antonio Escazú

Así logra arrancar la descarga a los alcahuetas
alborotando la academia y los estilos
hasta alcanzar las galerías con el ritmo de boleros
merengues tangos algarabía de cimarronas
o crucificando el tedio en la resina del rezo
y la fantasía del abrazo en regocijo de la ostra
por parques playas habitaciones largas avenidas

El brío venía de lejos por la sangre de los ancestros
por los cocoteros de Parque Vargas allá en Puerto Limón
donde arrecian las olas con la cadencia negra
de escarchas y aguafuertes del malecón
o en las brumas de El Molino y Las Ruinas
en el Cartago donde la catequizara el amor

Con tu mama a cuestas emigraría a San Carlos
regresaría y viceversa entre decisiones
deseos oscuros posibilidades inciertas
hasta que las líneas se cruzan en un estanque
para edificar la estancia en Vargas Araya
o en las manos de pianista de tu madre
que levantaron el vuelo de San José hasta Lake Tahoe
donde en definitiva irías a nacer

Pero te asombraste antes con el agua
lámina azul escarminada por la piscina
espuma desbocada por los arrecifes
con su batir en el rema que rema del riachuelo
con todos los animales en la travesía
sol que cae sobre el Pacífico como una hostia de sangre
por los canales de Tortuguero luna que riela en la bravura del Caribe
en Cahuita Puerto Viejo o Manzanillo
en las aguas quietas y alisadas de Cabuya o Manuel Antonio
las estrellas que parpadean y viajan
imperceptibles como tus cumpleaños
o la lluvia cortando en dos la carretera
la monotonía del limpiaparabrisas
mientas abuela y madre entonan su rumor
de luciérnagas y venados en la niebla

En duermevela ves las figurillas de otros animales
más dulces y menos feroces que los reales
vienen a abrevar a la orilla de tu cuna improvisada
mientras el auto avanza y avanza por la inmensa alameda
los días vienen con sus pájaros humedecidos
la lente te captura con saltarina sonrisa correteando
tras la pelota en tanto tus amiguitos
hacen ronda en la hierba o saltan las verjas
y el auto veloz se desplaza por el tobogán
seguido de tu algarabía para caer en manos de Toto
igual perseguís a Lucas que atosiga a las palomas
se desplaza orejas al viento por la playa
o alrededor de un lago que se te antoja amplio como el mar

Todo es viaje porque todo gira y se mueve
como los peces multicolores arriba
en el cielo de tu sueño que resguardamos con melodías
o los delfines que cabalgan las olas
de tus primeras palabras ensortijadas y hechizas
en la patineta que salta se convierte en arlequín o en esquíes
deslizándose veloces por la lechosa colina

El galope de un auto te lleva desde Clermont hasta Oregon
la carretera rectilínea
árboles escasos como la primavera en nuestros días
montañas lejanas se acercan se van se acercan
se suceden como siluetas de dromedarios
y se pierden y aparecen como luz en el polvo al anochecer

Ciudades musicales como Atlanta Georgia
Nashville Tennessee Missouri
acres estados acres pueblos acres ciudades acres estados
Saint Louis Illinois Kansas City Iowa
montes cañones ríos polvo y más polvo
Omaha Nebraska Cheyenne Wyoming
Salt Lake City blancura desarbolada de horizontes
Reno Nevada Carson City alambradas y cowboys
moteles de paso restaurantes de comida rápida
chatarra como el alimento de los vencidos
Medford Ashland Oregon
aberturas abismos de la memoria
y la amplitud del lago en el espejo del regreso…

Así seguirás este viaje

Así vamos todos

La vida marcha al compás del embrague
hasta que el panorama se nos acabe

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Patria

Nací en este pequeño país. Pero vengo del sol, del viento, del fuego, del socavón en el agua, del arroyo de la sangre. Del barro rojo, de las arenas calcinantes, del vuelo de las primeras aves. De los cráneos que brillaron en la noche de multitudinaria caza o en las innúmeras batallas contra la espada de nuestros contrincantes.

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Oda a la vaca

Allá en la niebla del amanecer donde mugen
en los inmensos potreros cegados por alambradas
con árboles inmensos donde anidan los rayos
en la vastedad vegetal con horizonte de lluvias
allí pastan y mueren las vacas

Son el trazo de una infancia sanacarleña marchita
que regresa en el viaje a la aldea de entonces
devorada por el fast food y la basura del éxito

Allí permanece tranquila
rumiante en su propia esquina
arreada por el viento y algún perro
o disciplinada en la columna que aparta el prado
presta para el ordeño y para la siesta

Siempre nos espera en lechada
variopinta en sus colores andante o pajarota
la más pacífica de las bestias
madre lejana del semental o del bovino
que muere exhausto en la lidia a la tica

Démosle su lugar en el rocío de la palabra
en el insomnio de la memoria
que reverdezca con sus cuernos y sus ubres
en los cuentos y canciones de peones y arrieros
con luna colmada alrededor de la hoguera

Que permanezca su tierna estampa
en una época que se escapa y no alcanza
para el yogurt quesos y natillas de una colectividad
que se disgrega en la combustión de la semilla

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Costa Rica ahora

Costa Rica es mucho más que un hombre y una mujer.

Mejor dicho: un hombre y una mujer juntos, abrazados,
tomados de las manos y retozando por los surcos de
fábricas, aulas, ríos, bajuras, playas incendiándose,
ensenadas, lagunas, canales, riberas del viento,
el azogue de edificios y máquinas roto en las ciudades.

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El color de la pitahaya

Asombra la lujuriosa sombra veteada color violeta
casi azul del espumante cristal
contrastado contra el rojo mantel
donde la erótica tropical del aguacate
con faldas de lechuga y otras viandas envuelven
la severidad de tu rostro transparente
por donde pasan hombres mujeres niños niñas
amores odios pasiones silenciosamente
correría de deseos tensas calmas después del éxtasis
por las calles soleadas de la ciudad extranjera
con sus aceras desiertas un domingo a media tarde
avenidas partidas en dos por la luz herida e hirviente
el repiquetear de campanas lejanas
tamizado por el bramido de algún auto desdentado
un perro ladrando la desventura del tiempo que se va
mientras el desahuciado equino cruza cabizbajo la rotonda

Borbotean esquirlas de luz en el cóncavo cristal magenta
un silencio ambiguo acaricia el temblor de tus manos
esas mismas que horas atrás atenazaban las sábanas
en un amarre y desamarre de tus muslos bajo el agua turbulenta
abrazados furiosamente al movimiento centrífugo / centrípeto
de mi espasmódico braceo de náufrago en el encumbramiento

Ahora aletean suavemente alrededor del vaso y de la tarde
recogen en espiral precisa tus cabellos
bajan rítmicamente las escala de tu blusa tu falda de flores

Volteás el rostro y muchas ciudades arden dentro de tus ojos
brevemente interpuestos en la memoria de los míos
tratan de encubrir inútilmente el puente tendido
andante desandado
en los pliegues nocturnos del fuego sagrado de tu canto
tiempo insumiso en la península de la madrugada
con las imprecisas meditaciones de alcoba donde tu llanto
se confunde con el zumbido del aparato refrigerante
gemidos de la noche por la culpa desnuda del cristal
sin sabernos amantes derrotados por las ansias perennes
y enlutadas en el deseo del otro espejo

Tu mano derecha avanza hacia la sangre vegetal
levanta el cáliz
un sorbo eterno de ojos cerrados
comunión en la imagen gozosa de labios y durazno

Baja armoniosamente la bebida
hasta el rojo extendido sobre blanco donde yacen las ofrendas
un imperceptible color grana enciende tus otros labios
donde bebo ávida pero suavemente
la rabia contenida de estas palabras en la soledad
del avión al despegar
mientras las luces de la ciudad
se difuminan lentamente tras el alcohol de la ventanilla

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Guerreros de hoy

Proyectan los resultados de la primera división
velocidad de los atletas sobre la hierba
y rememoro a mi equipo de provincia
ascendido con record nacional:
campeón de tercera y de la liga mayor consecutivamente
como los guerreros de La Venta Cobá Chichén-Itzá Copán o Iximché
en los glifos de las estelas carcomidas
por el ojo de la noche de los katunes bajo el cielo de la sangre
cuyo trofeo era el fulgor de la muerte

Ahora los guerreros son legionarios
de ligas globológicas donde las guerras floridas
son cotizadas por altos créditos de la Bolsa y la FIFA
en el trueque de sol y sombra sin los jaguares
sobre la gramilla industrializada por el soccer
y entonces pienso en la posibilidad de una auténtica
selección centroamericana
sueño lúdico de unionismo morazanista
para aspirar a la copa del mundo con un equipo invencible
de jugadores multicolores en su doble transparencia morena
porque la mejor danza se hace con el vaivén de jugadores negros
según Rafael el teatrero de El otro lado lejano de Tegus

Pero bien se ve que no alcanzaremos la ansiada integración regional
ni en el campo de juego ni en el de batalla
pues mientras se suceden los resultados de la liga
comprendo cuánto se ha balcanizado y se difumina
la mestiza pelota de tlachtli.

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Amor, he aquÍ tu casa

Amor, he aquí tu casa
construida por manos obreras
erguida con la argamasa de las trincheras
en años de silencio laboral
cuando el canto era plaza pública
palabra sortilegio del avance nocturno

Lo nuestro
es la línea del horizonte con el Irazú de las nubes
las altas torres de las iglesias
los pájaros madrugadores
que nos despiertan con su ventaneo
la lluvia al golpetear sobre el asfalto
por las tardes de paraguas cuando te diviso de regreso
desde el balcón desguarnecido

Ésta tu casa
en la ciudad más triste del invierno
descolgada por la cintura del continente

Ésta donde habita la poesía
como una antorcha para buscarnos
en el susurro de los animales blancos
el abrazo profundo donde gimen nuestros cuerpos
para alcanzar las cimas del tiempo
donde me derramo
frente a la verdad contundente de tus pechos
la transparencia púrpura de tu deseo

Estas ventanas abiertas, amor
sus silenciosos habitantes
este mural de palabras
constituyen la Caza del Poeta.

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Ciudad

El cósmico basurero de luces
no es la última botella
que acabamos en Bolero barrio Escalante
o Rayuela San Pedro Montes de Oca
tal vez Ceferinos bar Ciudad Quesada
ya avanzados los 80

tampoco los amigos sentados en la acera
tras la humareda de cigarrillos dobles
o la lenta marcha de un furgón
hacia la guerra
como dedos que desabrochan
el vestido de una muchacha
en el silencio de la clandestinidad

laberinto de imágenes temblorosas en la llanura sos
selva vaciada de la memoria
reverso en el daguerrotipo de lo contrario

paraje oscuro de otras voces
palabras que no pronunciamos
ni escribimos
promesas hechas en la ebriedad
del círculo de señoritas universitarias
que no se lo creyeron hasta la caída de sus calzones
el ronroneo alto de sus pechos
la nalgueada
el mordisco de la camisa en el rostro
la paliza de amor al verde ramazón del hipo
lo simple en la sublimación de estrellas sobre el agua

sos eso y nada y todo
gesto que se expande por la ventana
como aullido o disparo
en el edificio del pánico donde palmaste

o la mano humedecida que apaga la luz
para enviarnos a la cama sin una colilla siquiera
tristes y ajenos como vos
aldea hipertrofiada por el sueño que no llega

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Infancia

Visitar el pueblo de la infancia
es saber que muchos perros ladraron

las pozas las rondas
el temblor del primer beso
desaparecieron

que las nubes arriba
en la ceniza del volcán
son apenas el indicio

todo es desalojo
los habitantes ya no son los mismos

los fantasmas susurran
nos escoltan
en el autobús del regreso

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La casa del poeta

La casa del Poeta es un refugio
el misterio de sus manos en la sangre extendida

Hasta ella llegan las muchachas temerosas
los chicos balbuceantes
a encender la lámpara del vino
la estufa de la memoria

En los estantes cuelgan los trofeos de la noche
acuarelas del primer beso desteñido
uñas de gato zarpas de pantera
aguafuerte de batallas milenarias
faldas de mujeres olvidadas
máscaras antigases para el mitin de lo posible

La Casa del Poeta es una caverna de murales
dispuesta al interior de su colorido
para alumbrar las vigilias de la bomba

Pero se canta y se bebe
se tocan instrumentos de toda estirpe
se tañen las cuerdas se templan los cueros
se prepara el cazador para la partida.

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Fotografía en Sepia

La niebla cubre la ciudad
fantasma que emerge lentamente
con un sol no tropical
obscurecido como las entrañas de los bulevares
cantinas amarillentas en el rojo carmín
de sus espejos

Una mujer cruza la Plaza de la Cultura
desdentada sin edad ni perfil
sombra eterna de mantos velos y cruces
que anochecida en los bosques del XIX
se busca en lo perdido por el milenio
al umbral de una metrópoli encadenada
por el galimatías que se vende a granel
bienes raíces lotería científica
dentífrico místico
licantropía de la historia

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Para Jorge Luis Borges

Yo no miro el oro de los tigres
sino las palabras / tigres que nos devoran
así como el jardín sin los senderos
nos identifican nos ignoran
no el mundo de Morel al alimón
con Bioy Casares tu otro yo en sus alucinaciones

Tampoco es como piensan tus biógrafos
críticos ramplones sin imaginación creativa
que la mirada interior (- que – la – mira – da – al – interior)
el laberinto de los ojos con su Teseo
el podium de los pinochetes con el laurel y la lira
la biblioteca infinita del ratón que se muerde la cola
y roe todos los folios de lo alarmantemente maravilloso

¡Claro que no!

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Casi oda a Federico García Lorca

Nuestras ciudades enloquecieron con sus guadañas
el humo asfixia a los maricas los peones las pitonisas
los rascacielos los callejones la caravana de gitanos
en el éxodo de los incendios la Danza de la Muerte
con sus harapos sus cadenas su retorcerse
alrededor de este siglo que también se nos muere
por las horas graves de esta tarde en que subís vos
Federico ángel toreador de las estrellas los enjambres

Siempre vos subís por las cinco sangres de la tarde
con Antoñito el Camborio e Ignacio
con el rey de Harlem y el Viejo de las hierbas del Hudson
con una comparsa de negros en búsqueda de su Habana para verte

Subís y bajás y subís por las cinco sangres de todas las tardes
como un son de la murga en la guitarra más ancha y profunda
pletórico de romances saetas valses con tu luna de plata
tu barca amarrada al alma tu caballo anclado en el Alhambra
el puñal abierto y las cartas lanzadas a las esquinas de los amantes

Tras de vos vienen los fusiladores con sus capas de tinta y cera
y todos los que te han matado y te matan sin matarte
pero también vienen Margarita Antonio Pablo Luis Vicente y los demás poetas con sus cantos y sus olivares de trashumante

Subís hacha de luz con todas las muertes a cuestas
encendido en el baile de máscaras con las páginas abiertas
como las flores en el instante de la primavera

Subís con nosotros en la hora ciega de los alacranes
con todo tu amor en nuestra rabia y en nuestros pesares
para iluminarnos y limpiar el óxido de los altares
la rancia costura de los maestros los empleados los generales

Subís toro torero por este cementerio de plantas y pañales
con tu fuego perpetuo de lluvia para apagar las academias
los anuncios las lámparas de la fama las camas vacías los pedestales

Subís y subís con tu alta raíz de sombras y jaguares
hasta este nombrarte nombrándome en la apuesta más lúcida
de los guernicas las plazas los bosques los labios más lunares
subís y nos subís por la garganta como una procesión fresca de animales
para regresar a la humedad de los collares en el lomo del tiempo
y arrear la bandera negra de tu Andalucía para izar la nuestra
esta funda de sortilegios en la concavidad de todas las sangres

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Jorge Debravo

El machetazo metálico despedazó, ciertamente, la motocicleta.

Pero yo no pregunto por ella.

Pregunto por las palabras que se trizaron en el aire,
las impronunciadas, las impronunciables.

Pregunto por los niños abandonados en las calles,
las madres sin techo ni lecho en la vorágine
de un tiempo que se lleva también la poesía y sus comandantes.

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Arte poética 2

La poesía nace
por ejemplo
de la turbia sensación
en el bar
de una ciudad desconocida:
chupás anónimo
la salonera sonríe
va y viene
sirve
sonríe
gira con pasitos de salsa
se contonea
va
y
viene
gira
guiña un ojo
sonríe

nadie te conoce
y desconfiás de todos

danza y viene la salonera
arremangándose los codos

finalmente te aborda

acaso
por la posibilidad
de la propina

o porque intuye
que estás sólo

absolutamente sólo

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