Sostiene en una mano

SOSTIENE en una mano
las miradas
y en la otra
hambre de insomnios
en jauría

Extiende el giro
si el tacto la reclama
duerme con las serpientes
para incendiar su escorzo
y demostrar que existe

De puntas sobre el miedo
busca un nombre
que los contenga a todos
para que al detenerse
ilumine su pelvis y disuelva
sus torvos precursores

Y cuando sus muñecas
arrojan sus arpones al nadir
del escenario
se enjuga las facciones
y agradece
en requiebre
los aplausos

En tanto alguien que guarda
acaso la mitad
de una sonrisa
se aleja lentamente
como Judas contando sus monedas

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Vas y vienes ceñida a tus humores buenos

VAS Y VIENES ceñida a tus humores buenos
a tus orillas fértiles
al agua
que te extravía la sangre por mi fiebre
esas tardes que forjo y deshilvano
tu sombra numerosa en los espejos
que a ciegas recorrimos
Sobre el fuego
que improvisa mi lengua te descubro
asida al maderamen que abarcara mi pecho
y hoy te arroja
a esta arena de furia incandescente
y me hermana
con tus labios salinos y tus pezones fieros
que marcan territorio
más allá de esta voz que te aspira y exige
de vuelta a la retina en la que expandes
tu imagen de lobezna
Y es que asciendes
o suave precipitas el ritmo de la aurora
cada vez que el insomnio
dilapida sus llagas en la memoria enferma
gozosa o cristalina al zumo de la carne
así te conjeture y estés lejos
Pero adónde barcaza
adónde hemos de anclar los sobresaltos
las cadenas el aire
que nos abre trincheras para incubar resuellos
cuando nos sabe débiles
Adónde encallaremos
nuestra imparable fuga
si en la brisa no quedan asideros
si en las manos
persiste un juramento raído por las velas
de navíos girando a un sol errante
si este mar en que oscilas
lobezna
o barcarola
es un muro vencido por la ausencia

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Vértigo

A fuerza de entregarte mi cansancio a trozos
de lamer tu sombra en las paredes
hilvanar jadeos desperdigados en la alfombra
hasta limar cada eco de tu cuerpo
Hoy
hacia un sol que repudió la astrología
sin número de folio
ni preludio
huyeron las aristas de tu rostro
volvieron al reflujo
tus pómulos de luna calcinada
las panteras saltando por tus córneas
y lo obsceno que tus dientes escondían

Hoy
—que nunca fue—
la materia se repliega a sus confines:
del sopor que articulaba tus fluidos
sólo queda una membrana en el perchero

Nada sobrevive
del juramento que esculpí entre tus pezones
sólo un reptil de lava coagulado sobre el techo
que anuncia adiós con impecable ortografía
porque la última célula se ha petrificado
y flota
como el diente
de
león que se resiste
a caer fuera del sueño

Nada

Sólo un lastre con olor a huida
un rosario exorcizado
que desgrana apurado sus m
i
s
t
e
r
i
o
s
para gravitar inversamente
hacia un estrato inaccesible
un motel para olvidar los días de paso
y la máscara de viernes por la noche
un limbo que ha perdido la esperanza del infierno
alejado de tortuosos silogismos:
de este aliento
que en el fondo
anhelaba tu clítoris altivo

Ya instalada reúnes tus despojos
en un astro al Big Bang equidistante
eje del péndulo que alberga calma
higiénica letrina
donde arrastras el hastío de un lado a otro
como un ángel que lamenta no estar muerto

En la foto
husmeo el sepia carcomido de tus labios
que te sorben las heridas con total indiferencia
insolentes
como si nunca hubieran ocupado
este colchón de sacrificios
Y en un pliegue inacabado de la sábana
distingo el rubor de tu entrepierna
que en un leve movimiento se disipa
también a tu horizonte paralelo

Entonces miro al techo
y escalo una torre luminosa en la rendija
Mientras subo
el ave en pleno vuelo de tus cejas
derrumba lágrimas de herrumbre
resignada
como anticipando la
a
d
í
a
c
pero es tarde
prosigo a tu edén prefabricado
que es realmente Lucifer
asqueado de sí mismo por centurias
que te ciñe con las alas
y me escupe tus restos
para distraerse

Despierto

Profano —como siempre— esta mazmorra
que al sentirme se agrieta de vergüenza

mas conserva una ventana
que usaré para rehacer los exteriores

Amanece

Todo se desborda en espirales
Aun la joya de saliva
que olvidaste a propósito en mi ombligo
concluye su mudanza evaporada

La carne todavía se desfigura:
de mi mano se elevan altazores
y crispan del silencio
un retazo invisible de tu llanto
que me inculpa
por haberte ofrecido
tierra firme

Lástima
que abrieras las piernas al vacío

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Con baja y lenta voz

Nadie lo sepa, amada, y a pesar del espacio
que nos separa, hablemos con baja y lenta voz
de aquel amor que yace, como un niño dormido,
sobre mi corazón, sobre tu corazón.

Tú eras una divina mujercita pequeña;
cabellera de sol, grandes ojos de sombra.

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Cuando seamos viejos

Cuando seamos viejos, todo este amor enorme
se irá por los caminos y brotará en los huertos,
y será una ilusión muy lejana y deforme
que enturbiará la paz de nuestros ojos muertos.

A la tarde, soñando con lo que ya no se ama,
mascaremos recuerdos de amor en el tabaco,
y el amor temblará como una débil llama
en nuestra carne vieja y en nuestros rostros flacos.

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El organillo

Organillo sonoro de la música vieja,
¿Qué poema doliente se estremece en tu voz?
Esa canción amarga que se acerca y se aleja,
¿es un suspiro largo, o es un supremo adiós?

¿Qué quimera brutal, vieja y desconocida,
allá en tu pecho engendra esa trémula voz?

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Gracias

Mujer, la de esos besos, la de esos largos besos,
la de esos besos breves, húmedos y calientes,
la del regocijado sonreír en la sombra
que iluminó la vaga blancura de sus dientes:
la de la casa humilde, con ventanas humildes,
en la calleja oscura, soñolienta y callada:
la que entre beso y beso me lo decía todo,
aunque entre beso y beso no me decía nada:
la del mirar risueño, la del reír risueño,
la del querer ardiente, violento y extenuante;
la que vivió conmigo, con nosotros, con ella,
esa noche de amor corta, como un instante;
la que turbó el solemne silencio de esa noche
con la voces amargas y dulces del pecado;
la que dejó en mis brazos, en mi ser, en mi vida,
eso que es el recuerdo de que nos han amado.

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Invocación

No, Señor Jesucristo ¡Yo no soy como todos!
yo pronuncio tu nombre con honda devoción.
Aunque arrastre mi cuerpo sobre todos los lodos,
alzo como una hostia roja mi corazón.

Y la elevo hasta Ti, hasta tu crucifijo
que aún guarda las heridas de la Santa Pasión.

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La égloga del amador

Dulce y buen Garcilaso, pastor de églogas tristes,
dame tu don secreto de hacer suave el sollozo.
Préstale a mi Amador la voz acongojada
que ante el verde campo gemía Nemoroso.

Que en mis oídos suene su zampoña bucólica,
y llegue a mi alma el eco de aquel acento suyo
que en la campiña hacía llorar a las zagalas,
mientras las vacas mansas velaban el crepúsculo.

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La lluvia y tú

Llegó la triste noche oscura;
pasó la lluvia y no llegaste.
Para endulzar tanta amargura
no habrá miel rubia que me baste!
Llegó la noche, pasó la lluvia
Y no llegaste.

Después nos quisimos, es cierto,
y hasta casi olvidé ser triste;
pero esa amargura no ha muerto;
junto a tu fiel recuerdo existe:
Vino la lluvia, se fue la lluvia
Y no viniste.

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Lejana

Como el sendero blanco porque vuela mi verso,
eres tú, toda llena de cosas lejanas.
Llevas algo de extraño, de sutil y disperso
como el polvo que dejan atrás las caravanas.

Amas la lejanía y eres la lejanía.
No has soñado jamás con la paz de tus lares.

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Madres de los poetas

Madres de los poetas que en el pasado han sido,
vengo a hablar con vosotras de vuestros hijos tristes.
Carne doliente, en vuestras entrañas han dormido
y no los conocisteis.

Madres de los poetas que en el presente son,
con vuestra eternidad de ternuras y arrullo
calmaréis a los mares y al viento arrasador,
pero no al dolor suyo.

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Mi voz no es más que un eco

¿Qué he de hacer con mi voz sino cantarte siempre,
sino decirte siempre que eres bella y que te amo?
Toda mi poesía, oh Amada, no es más que eso:
el vasto nombre ardiente de amor con que te llamo.

Estás en mis cantares, bella y eterna y sola,
mostrando tu divino modo de ser hermosa.

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Morirás un día.

Y la noche terrible se te entrará en los huesos.
(Acaso en nuestras horas de amor lo presentiste).
En tu morada oscura, la canción de mis besos
pondrá un temblor de almohada sobre la tierra triste.

Mi espíritu a tu lado velará sin descanso,
disipando las nieblas oscuras de la muerte.

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Palabra de amor

Voy hacia ti, mujer, después de alguna ausencia,
llenos de mis sonrisas y mis palabras suaves.
Me tenderé a la clara sombra de tu presencia,
y te diré otra vez eso que tú ya sabes.

Eso que tu ya sabes, pero que aún no entiendes,
eso que tu ya sabes y nunca entenderás.

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Soledad, otoño

Estoy solo en la vasta soledad de la tarde,
solo entre todo el mundo; junto a la vida, solo.
Caen sobre el camino polvoriento del parque
las hojas de oro.

Tú cruzas el camino, como yo, solitaria,
envuelta en una pálida claridad otoñal.

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Tu voz

Tu voz, eso es lo que amo,
más que tu corazón y casi más que a ti;
esa cosa invisible que sale de tus labios,
y junto a mis oídos, triste, viene a morir;
esa cosa tan dulce con que tú me respondes
y con que aquella tarde me dijiste que sí.

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Tus ojos me miraron

Tus ojos me miraron, te miraron mis ojos
y nunca más nos hemos vuelto a ver.

Fue tan sólo un instante, no más, pero en él supe
que tú eras la elegida que pasaba a mi lado,
que tú eras la que hubiera podido ser, un día,
amadora de todas las horas del amado.

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Una tristeza fiel

Una tristeza fiel cubre mi vida:
pálido cielo sobre la tierra negra.
De esa tristeza suave, vive mi alma.
¿Qué sería de mí sin mi tristeza?

¿Qué sería de mí sin esta clara,
sin esta pálida melancolía,
que me llena de sueños y me libra
de la vulgaridad de la alegría?

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50 ANIVERSARIO

Un hombre sale al patio trasero de su casa
(ahí no llega nunca el duro viento del otoño)

tiene en sus manos una pequeña copa de aguardiente
y se mesa con cariño el cabello

aquí las canas del hambre
aquí las de aquel día en que fue héroe
entre miles de héroes
aquí las huellas del asco
las señales de quien tocó con dedos jóvenes la grandeza
las del temor
la de la inmensa alegría
las del todopoderoso conocimiento

En el fondo del cielo luce una estrella
que él llama esperanza

el hombre alza su copa
y bebe.

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A LA CARTA

Sírvame la ópera Madame Butterfly
término medio
con salsa de maní picante
y un poco de gobierno español
con trocitos de invierno.

Después me trae a un soldado de la Primera Brigada de Artillería
en completo estado de ebriedad
un par de mirtos
la erupción del Krakatoa
y el servicio postal a la luz de la filosofía.

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ALGUNAS NOSTALGIAS

Encallecido privilegio este orgulloso sufrir,
no se rían.

Yo, que he amado hasta tener sed de agua, luz sucia;
yo que olvidé los nombres y no las humedades,
ahora moriría fieramente por la palabrita de consuelo de un ángel,
por los dones cantables de un murciélago triste,
por el pan de la magia que me arrojara un brujo
disfrazado de reo borracho en la celda de al lado…

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