Tú has escondido la luz en alguna parte
y me niegas el retorno,
sé que esta oscuridad no es cierta
porque antes de mis manos volaban las luciérnagas,
y yo te buscaba
y tú eras tú
y éramos unos ojos
en un mismo lecho
y nadie de nosotros pensaba en el eclipse,
pero nos hicimos fríos y conocidos
y la noche se hizo inaccesible
para bajarla juntos.
Poemas mexicanos
‘Elle a la forme de mes mains
elle a la couleur de mes yeux…’
PAUL ELUARD
Tiene la medida de mi sueño
los ojos de mi infancia
ama lo que yo amo
lo que no retorna
lo que no llega todavía
se levanta en mis párpados
y de ahí hace volar sus sueños
Se desplaza y permanece
siempre es ella en todas partes
saludando al universo
Llena todos los días del mundo
y aún no nace porque no tiene fin
La encuentro en el silencio en la absolución
pero ella está dispersa respirando en todo
Si algún día llego a penetrar su alma
le daré vendimias de su cuerpo
el hombre el pasto la niebla.
Cuando hable con el silencio
cuando sólo tenga una cadena
de domingos grises para darte
cuando sólo tenga un lecho vacío
para compartir contigo un deseo
que no se satisface ya con los cuerpos de este mundo
cuando ya no me basten las palabras del castellano
para decirte lo que estoy mirando
cuando esté mudo de voz de ojos y de movimiento
cuando haya arrojado lejos de mí
el miedo a morir de cualquier muerte
cuando ya no tenga tiempo para ser yo
ni ganas de ser aquel que nunca he sido
cuando sólo tenga la eternidad para ofrecerte
una eternidad de voces y de olvido
una eternidad en la que ya no podré verte
ni tocarte ni encelarte ni matarte
cuando a mí mismo ya no me responda
y no tenga día ni cuerpo
entonces seré tuyo
entonces te amaré para siempre.
Vas creciendo sombra a sombra
abril se desvanece en tus cabellos
papeles sin sueño habitan en los parques
el día negro es una estrella acuática
La iluminación tiene alas del camino
en los muros no pesa el aire
el rostro de la noche en la ventana
es un ser dormido que despierta
Hay un tiempo desvelado que te esconde
y un fantasma que te hace recordar
La primavera oficia en secreto
un diálogo de niños
y en el cuenco de tus manos
pueden volar los pájaros
El mundo es gris en tus pupilas
es un cuerpo desnudo
que se apoya en los párpados
Elástica la luz se cumple en otro asombro
Sólo tu voz rompe la bruma
Vas creciendo sombra a sombra
Y todas las cosas que a mi amor contemplaban
el sonido y la lluvia los parques y la imagen
se asomaron en ella
Y todos los seres que en el tiempo eran árboles
abrieron sus pestañas a los frutos del día
y el sol fue su mirada reencontrada en el mar
Y era un verano de diamante y de polvo
despierto al borde de la noche dormida
y creció entre la luz y la sombra trenzada
Creció sin detenerse y miré la Vía Láctea
perdido entre las negras mariposas fugaces
y las bocas llamando como rojas campanas
Creció con el amante en verde silencioso
vestido de destinos cabalgando las horas
y breves arco iris espontáneos y breves
Y mis manos pudieron ser aire de sus manos
y en medio de la fábula descubrí nuevas fábulas
y el cuerpo de su risa emergiendo del aire
Y tocamos el musgo de sus aguas inmóviles
y sentimos los ojos redondear las palabras
y volamos muy libres adentro de los pájaros.
Tu nombre repetido por las calles
Tu boca
Tu paso que no es nocturno ni de aurora
Tu voz
Sólo tu ser creciendo en las esquinas
Tu tiempo… tus alianzas
Ahora sentada en espiral
Después el humo.
Como si no supieras que la noche
toca ya en los antiguos ventanales,
como ignorando al astro que destruye
las risas de la tarde,
suavemente
persistes en la feliz tarea
de remendar las cosas, ocultar deterioros
y presentar las almas de la casa
‘rotitas, pero limpia’, preparadas
para la prueba de los buenos días.
De nuevo llegas a mi casa.
Conoces el camino
y sabes que mis cosas
se han amoldado a ti.
En el espejo
queda tu reflejo.
En la tarde de la ciudad,
bajo las máquinas;
en la tarde amarillenta,
sucia, habitada de sombras,
manchada por las prensas,
vociferante río de niebla
hacia la noche del tumulto;
en la tarde tus cabellos
serán un recuerdo presente.
A Humberto Saba
El día empequeñece.
Las palmeras, las nubes,
el sol disminido,
las tranquilas gallinas,
la soledad, la tarde,
tus senos y mis manos,
todo se va tranquilo
hacia una noche suave
y sangrienta a su modo.
Nuestras vidas son los ríos…
Jorge Manrique
Desde aquí veo tu casa
rodeada por el aire
de esta mañana lívida.
Veo tu puerta cerrada
y el balcón entreabierto,
siempre entreabierto
para librarte de los sueños malos.
I
La abuela abría las puertas de la mañana;
entraba el sol por el balcón cerrado
y un rayo se pegaba a sus gafas solares.
El día andaba ya por los corredores
abrillantando las plumas del pájaro ciego,
jugando un rato con los peces anhelantes
en un marecito engañoso,
y con el caracol de filos negros
en su playa de cristal.
Margot está en la ventana…
I
Te digo que quiero quedarme
a vivir en la ducha.
No comprendes de inmediato,
pero después te ríes
y tus dientes son compasivos
e irónicos.
Tienen la complicidad
de los quince años juntos.
Verte desnuda es recordad la tierra.
Federico García Lorca
Por las arduas colinas de tu cuerpo
van mis ojos desnudos contemplando
los tersos panoramas, precipicios
y el bosque primordial que mi deseo
exalta en la constante ceremonia
de mirarte, llamarte desde el fondo del ser,
de contemplarte como se ven los campos en otoño
o las vertiginosas catedrales erguidas en la niebla
y entrevistas en la región sin nombre de la aurora.
Antes de partir
A la izquierda está el mar. La alta montaña con su ermita y su senda entre los pinos se recorta en lo azul y las gaviotas van hablando de viajes, llegadas o naufragios.
Recuerdo los primeros días en la isla, el verano de fuego y, en la alta madrugada, el olor de la sal, el aroma e los pinos y las voces de las muchachas escondidas entre las ruinas.
Pasaré la noche con el inmenso desierto
que hay en mí y el estar contigo.
I
Hay una extensión cercada por el cielo,
una inmensa planicie descubierta por la luna,
un campo de flores pálidas
sitiadas por su propio perfume,
una casa en el bosque de los grandes abetos de la noche,
un camino entre los pinos,
el otoño de planetas cercanos,
el lago de orillas blanquísimas,
el violeta tenue en la madrugada del mar,
la pulpa entregada de un fruto
que sobrepasa la medida de la mano,
la noche de la selva,
la madrugada de la altiplanicie
y el corazón de todos los niños de la tierra.
era una casa de niebla
ahí en la cima de la nada
con sus muros de basalto
y al dintel la madrugada
cuántos placeres nos daba
reír con la luna blanca
jugando a las escondidas
con las horas que danzaban
era una casa de niebla
ahí en la cima y en la nada
casa niña de inocencia
jugando con sus hermanas
cómo te llamas sombra de la sombra
que tocas la puerta a deshoras
para ofrecer placeres en vigilia
cómo te llamas silencio del silencio
que invocas el espectro del olvido
para remover dolores todavía vivos
cómo te llamas noche de la noche
que guardas el averno del dormido
para desangrar al tiempo en su castigo
cómo te llamas hombre del hombre desconocido
dímelo
quiero nombrarte por tu nombre mismo
hay un lenguaje arcano
que silenciosamente se murmura con la yema de los dedos
hay un lenguaje secreto
que tenuemente se pronuncia en el desliz de una mirada
hay un lenguaje cifrado
que veladamente se habla en la camaradería de las palabras
hay un lenguaje profano
que suavemente se declama al estremecerse el cuerpo
hay un lenguaje sagrado
que sólo nosotros comprendemos
júrame
que ahogaremos
«las furias y las penas»
que enterraremos
las palabras ofensivas
que resurgiremos
si un día tocamos fondo
porque
somos la crónica de mil batallas
libradas hombro a hombro
donde la antítesis de nuestra muerte
nos hace renacer eternamente
júrame
que lucharemos
y en la victoria se izará nuestra bandera
júramelo
descansan las palabras
bajo la inerte sábana del olvido
porque hoy se anuncia el mañana
y tu cabello huele a limpio
y en tu almohada se moldea la esencia de mi sueño
porque juntos enfrentamos las encrucijadas
y tu nombre borra la huella de otros nombres
y en tu paso es mi voz la que te pronuncia
porque eres el lienzo en donde estalla nuestra dicha
y te recreo en él cuantas veces me apetece
porque eres sólo tu imagen
y eres sólo mi semejanza
porque somos la suma que nos iguala a uno
y te disuelvo en agua
y me sumerjo
sin decir adiós
se alejaron
como hojas secas
que dan paso al viento
sin decir adiós
se detuvieron
como carátulas insulsas
que desperdicia el tiempo
sin decir adiós
se fueron
a dónde
posiblemente al infierno
más allá de la vida
quiero decírtelo…
Luis Cernuda
tú debes ser el hombre arrebatado a la noche
por quien el fuego de la aurora
se enciende en los ocasos
tú debes ser el hombre encadenado al día
por quien la sombra de los pasos
se pierde en los rincones
tú debes ser el hombre que da nombre al destino
por quien renace el día
por quien muere la noche
si mis ojos fueran el polen de la noche
y en mis palabras se trazara el despertar del alba
si el tiempo descansara por tan sólo un momento
mientras el mar se extiende en sus mareas
dejaría todo para teñir el cielo de esmeralda
y abriría mi corazón hacia la medianoche
A filo de la luz
siempre hacia adentro
debajo del torrente subterráneo
en el espejo cedido por la claridad
fundirse con los sueños
abandonar el día
y en el último latido
viajar perderlo todo
dejar hasta la sombra
mirar las playas sumergidas
las rocas certezas inauditas
a la orilla del mar que nos espera
y volver
con minerales tesoros en las manos
la mirada presa en los prodigios
a iluminar el aire del deseo
en la mañana abierta y nueva.
Recuerdos de luz
en una gota de agua
en la mirada que atesora
la brevedad y la frescura
que derrama mínima
en el día
El día
que repite sus dones intocados
en las miradas jóvenes del agua
Canta el agua y su voz es una plegaria
que repite clara y cercana una pregunta
Una pregunta que dejamos olvidada
esperando la llegada de la lluvia
Oculta en su prisión de sombras,
labra la luz
su sueño
de constancia en los cristales.
I
El granate
es un ejercicio de sangre derramada
en el profundo mármol
de tu cuello
El granate y su memoria de opulencia
son, en la enramada de tus venas,
la herida luminosa de la tierra
que se mira surgir,
de nuevo líquida,
en tu pecho.
Vivo sin mí, inmóvil,
ausente de mi cárcel de palabras,
sin la forma precisa para el canto
en este día sin tregua y sin resquicios;
cuando celoso de sí mismo el aire
no se desata en viento,
cuando nada me entrega su sentido
y no encuentran camino hacia mis ojos
ni el cielo ni los nombres de la tierra,
porque yacen serenos y completos
y en su ser se alimentan y se engendran.
En cuál de mis acordes
he de empezar la fragua de tu nombre,
del canto que apenas comenzado
se olvida de su origen y sorprende
su propio ser en las evoluciones
de una pasión en perfectas notaciones.
Cómo he de ser testigo de tu paso
si apareces apenas en el aire
tu milagro tenaz y sucesivo
y al darte toda al fin desapareces
perdiéndote en el tiempo que te vierte.
La noche inmemorial, pródiga noche
de los pactos oscuros, innombrables,
de las siniestras, ocultas voluntades
que a la mención del día empalidecen;
la noche feraz, la noche cómplice
que despliega su sombra como un manto
sigiloso y ambiguo, torva noche
agazapada en las márgenes del día
anticipando su reino silencioso:
pero la noche débil, turbia espera,
aire que corre en el país de nadie,
tierra del eco, junta de fantasmas:
cántaro negro que en la luz se rompe.