Te regalaría uno de esos días XXXI

Te regalaría uno de esos días repletos de pereza
con olor a hierbabuena,
te regalaría un platillo de higos
con un toque de miel y canela.
Sí, me gustaría regalarte mi libro predilecto,
el que nunca se separaba de mis manos
cuando tendida en las frías baldosas del traspatio
mi infancia se llenaba de mundos por ser vistos;
también me gustaría regalarte el sentimiento
de tanto mar rodeándome el corazón
y las risas que me acompañaban
al saltar desde el muelle queriendo ser
una alga marina más entreteniendo el agua.
Me gustaría regalarte la primera emoción
del primer beso que me supo a beso,
el que no pude compartir contigo,
ése que yo sabía que en tus labios tendría
todo la antigüedad de paisajes a contra ojo
y campos de amapolas o quitrines.
Me gustaría regalarte nuevamente
la parte de mi piel que de tan tuya
esperó por la elocuencia tus manos
y por la suavidad de tus cabellos
para darse a tus deseos de un modo tan definitivo
que no hubo más memorias en mi cuerpo
que las que tu dejaste con tu aliento y tu saliva.
Me gustaría amor murmurarte al oído
lo que aún te amo y lo que aún me falta
por enseñarle a tu amor
otras maneras de enamorarte, amor,
en esta vida.

Se baña frente a mí XIV

Se baña frente a mí caldeando los glaciales
confundiéndole al agua territorios, espejos,
sorprendiendo a las piedras su víscera de musgo
y luego se sumerge de lleno con mis ojos
fabricando sin prisa una estación de lluvia,
un lugar de monzones al Océano Índigo que habita mi deseo,
despertando las fauces de la Cobra a su fuego,
devolviendo a las cosas emplumadas su atmósfera,
el orden de sus cielos, la alegría delirante;
porque vienen al mundo destinatarios, remanente suyos,
maneras de su andar afilando el momento
destrezas milagrosas convirtiendo segundos en frutos
o acaso en novedosas semillas como perlas,
mercaderías, magias que llegan de lo súbito
para aderezar el gusto de una boca exquisita;
tributo, maravilla con que pagar a su rodilla un roce
apresando el peligro perfecto de sus dedos
la privada elocuencia donde existen países,
consonantes e cartas que esperan ser escritas o pensadas;
aturdiendo a los libros: comas, pronunciaciones, adjetivos, artículos
efervescencias únicas reorganizando pronombres al papel,
instantáneas voraces del júbilo que vive entre su puño,
lo mismo que un halcón, seguro de su presa.

Puedo dejarte ahí entre las cosas

Puedo dejarte ahí entre las cosas que se saben sentir
llenando el pecho de claridades y vicisitudes
sobre un campo de lunas abstraídas
donde el dormir sabe llamarse insomnio
y el color de la luz habla consigo.
Puedo sin duda alguna disolverte
a secretos sabores en mi boca
y sin habar de ti puedo nombrar tus consonantes,
los ligeros sudores de tu axila,
el espacio que media entre tus vértebras
cuando entonas una que otra canción detrás del aire
y las dejas caer como un descuido
sobre las piedras o acaso entre los árboles.
Puedo decirte a veces los azules
que gobiernan códigos y singularidades
a tus párpados, tus sonrisas, tus desganos.
Puedo llamarte entre los otros nombres
los que sabes usar si es que deseas
que la ciudad le borre huellas a tus pasos
hasta que tú decides desbordarte a presencias
electrizando con tu olor a mujer ,
los techos , las ventanas, alguna que otra fuente
o el horizonte donde mis ojos
alimentan el perfil de la vida o la devoran.

Porque el espejo y tú

Porque el espejo y tú
saben la ausencia,
porque conocen bien
esos perfiles
que aún cuando
no están,
siempre penetran
en aguda ecuación
la franca zona
de voraces,
levíticos laureles:
porque al juego sutil
de los reflejos
la uña y el olor
sudan la misma
liviana comezón
sobre el espectro de las formas
que nunca se repiten,
pero que viajan
latitud al cerebro,
en un tenaz proceso
de horizontes,
para que el hueso
sin memoria exista
al borde de otra piel,
ya sin el límite:
a nadie le diré
que te he tocado
y sin saberlo
supe atravesarle
el corazón al vidrio
del silencio.

Poema XI

Ocúpame, temporal, al barroco de la oreja
Manta-raya de lengua déjame atravesar tus formas
redescubriendo latitudes al arrecife de tu córnea,
y júntame de lleno en apetencia marfil contra marfil,
abriendo a enamorada línea tus pezones,
desintegrando el control que reside en tus tobillos
hasta sentir como sortija la presión de tus piernas,
a punto de explosión tensar la aorta.
Invítate conmigo a lo distinto de acariciar navajas
a un punto de deseo que electrizante cruce
la ingobernable esquina de mi cuerpo,
su gusto de conquistar necesidad de alturas,
torbellinos.
Médula al crisantemo,
ayúdate a vivir como se debe:
en estación de cráneo, a filo de huracán,
pasión donde es posible penetrar en secreto
la inevitable dimensión, su derramada oscuridad,
sitio del gozo alimentando voces, desafiando panteras,
reproduciendo lo bizantino de una cala-lirio
a vértigo de asombro entre los dedos;
cuadratura geográfica donde el besar como instrumento,
puede,
duplicarse Sur sobre todo Norte a permanencia,
porque adentrar de golpe la existencia es simplemente
saborear o reducir el espacio a intensidad de amor
detrás del labio,
o en el hueco del cuello a su diverso,
a su implacable empalme, donde la dureza,
canta o destila su péndulo de éxtasis
tres pulgadas debajo del ombligo,
sin condición,
porque gesto en silencio de otra voz me nombras
la única,
la más brillante y fuerte de tus sílabas.

Poema del libro XV

Esta mañana en fin, es diferente,
he mirado mis manos
las he visto distribuir, sin prisa,
los planetas,
transformar asteroides a una explosión de nova
y sin embargo
dóciles en su tarea de aquí,
me han acercado la taza de café,
los cigarrillos, mis espejuelos,
la pluma con que escribo,
hasta las hojas de papel me han dado
sin que por ello merme
el trabajo que tienen asignado
de crear nuevos siglos a la galaxia.
Este hacer de mis formas
es tan contigo, en su diversidad,
que no me asombra
su elocuencia de ser,
tiene esa simple cópula vertical
con que la lluvia
hace brotar higueras o cocoteros
que danzan en la brisa cegadora y ardiente
del desierto,
haciendo de la arena una cisterna,
un líquido milagro en el paisaje
para que todo lo que cruza
sediento de visión entre las dunas,
se reparta el vivir abiertamente.
Esta mañana en fin,
es diferente,
mis manos van queriéndose contigo,
en distancias de ti;
son dos amantes de un mismo corazón
en paralela línea,
que al besarse,
detrás de toda hechura,
se fabrican,
con esa misma gravidez que tiene
la boca del jazmín,
cuando se abre,
silenciosa,
en el centro de la noche.

Para la que en su marcha

Para la que en su marcha, jamás desaparece,
para la que es siempre su infinito posible
para la que llena con su abierto sonido
inescrutables rutas al balcón de mi ojo,
para la que despliega como bordada falda
su serpiente de luces
al lomo imperativo de las noches,
para la que monta, al amanecer,
su carroza de luz y la derrama
en esa interminable espiral de su espejo,
para ella,
se levanta mi corazón
como un gran viento y canta,
la resonancia del jazmín,
su centro.
Para ella despierto consciencias de horizontes
dándole a cada pájaro el poder de sus vuelos.
Sin palabras,
mi boca toca a la indefinida,
la voy reconociendo,
no tengo que atraparla,
porque, ella, la sin borde,
sabe existir y existe
fuera de toda rueca de pensamiento o hábito.
Para que yo me atreva a sentir sus maneras
es capaz de inventarme las uñas de los pies
y hacer que se comporten de acuerdo a las cigarras
o acaso divertida con lo que no imagino
las trueca,
enredadera que crece entre los riscos
de un país que aún no sé que he fabricado.
Entre las dos no cabe un pretexto de búsqueda
somos esa presencia que se va descubriendo
en creación continua de semilla que sabe
condiciones de árbol y fruto al mismo instante
que a voluntad decide hacerse al verde, dulce,
para estación de dientes e incesantes libélulas
que reajustan los círculos donde la luz conversa
o diluyen las fórmulas a su estación más simple.
Entre nosotras huelgan condiciones de espacios,
se sueña libremente,
enardecidamente,
a otro caudal la vida.

Ocúpame

Ocúpame, temporal, al barroco de la oreja
Manta-raya de lengua déjame atravesar tus formas
redescubriendo latitudes al arrecife de tu córnea,
y júntame de lleno en apetencia marfil contra marfil,
abriendo a enamorada línea tus pezones,
desintegrando el control que reside en tus tobillos
hasta sentir como sortija la presión de tus piernas,
a punto de explosión tensar la aorta.
Invítate conmigo a lo distinto de acariciar navajas
a un punto de deseo que electrizante cruce
la ingobernable esquina de mi cuerpo,
su gusto de conquistar necesidad de alturas,
torbellinos.
Médula al crisantemo,
ayúdate a vivir como se debe:
en estación de cráneo, a filo de huracán,
pasión donde es posible penetrar en secreto
la inevitable dimensión, su derramada oscuridad,
sitio del gozo alimentando voces, desafiando panteras,
reproduciendo lo bizantino de una cala-lirio
a vértigo de asombro entre los dedos;
cuadratura geográfica donde el besar como instrumento,
puede,
duplicarse Sur sobre todo Norte a permanencia,
porque adentrar de golpe la existencia es simplemente
saborear o reducir el espacio a intensidad de amor
detrás del labio,
o en el hueco del cuello a su diverso,
a su implacable empalme, donde la dureza,
canta o destila su péndulo de éxtasistres
pulgadas debajo del ombligo,
sin condición,
porque gesto en silencio de otra voz me nombras
la única,
la más brillante y fuerte de tus sílabas.

Lo mismo que el deseo de una boca XXI

Lo mismo que el deseo de una boca
hace suya la pulpa de los higos
las palabras me han ido poseyendo:
despiertan mi cintura a un monosílabo,
logaritmo tenaz que reclama
el voraz contrapaso de la aorta
a una fiereza horizontal de médula.
Yo habito en el espacio donde viven,
respiro el crecimiento de sus órbitas
donde se puede conjugar de lleno
la otra circunferencia
a un radical instante con el pecho.
Vocablo en singular para plurales
en veinte y dos sonidos de falanges
que no contienen sílabas
deletreando volúmenes de ausencia
porque existen de sí, suma y presente;
triple intuición que como beso ocupa
mutaciones al filo de la lengua;
lugar donde le amor recobra nombre
o nos mira sin prisa:
ventrículo y espuela
de una sangre mayor e incontenible.

La madre que ahora tengo

La madre que ahora tengo es la misma y es otra entre las muchas
de las cuales he sido nacida,
no me levanta como en otros tiempos en antiguo lenguaje judío
ni tampoco me levanta en lenguas arameas,
ni siquiera en un árabe olvidado que todavía tiene resonancias
entre los dientes de mis tatarabuelos
o en esas otras lenguas de los que pasan
sin saber que sus sonidos también me pertenecen
y que me viven por encima de mis presentes apellidos.
La madre que hoy coexiste o a ratos me reconoce en sus perfiles
en sus maneras de doblar las sabanas,
de acariciar un libro con los ojos
de echar a andar diseminando de la cabeza pensamientos, rumbos,
me cuenta ensimismada los giros de su infancia,
lo insólito de vivir junto a mi abuela Nena
mi abuela que sabía leer en el aire los pasados
el futuro y los pliegues del presente
a cualquier rostro que tuviese cerca.
La madre que ahora tengo conoce cabalmente los exilios
y los puede nombrar uno por uno en los claros arroyos de su cara
si se mira al espejo recordándose.
La mujer que hoy por hoy yo llamo madre
a la que puedo nombrar nombre por nombre
sin equivocaciones de mi parte,
me ha otorgado como último regalo en esta tierra
mi pasaporte para el no regreso a esta heredad de lo azul
donde he vivido innumerables existencias a tope.
La madre que convive en mi cerebro y canta al corazón
nanas o adagios para que yo no olvide
la eternidad de esta raíz que llevo como una trepadora
alimentando el golpe de mis vísceras
entre la aorta mayor y el punto frágil de mi sien izquierda,
ha vuelto de visita con esta alineación de los planetas.
Esta mujer y yo representamos
la serpiente que se muerde la cola y resucita.

Hay un nano Segundo de mis labios

Hay un nano Segundo de mis labios
cuando se mueven sobre tu clavícula
hablando un idioma de particularidades
inherentes sólo a ese otra aromática fuerza
que emana de tu entrepierna frente a mi deseo
de tenerte y desintegrarte
en un ritual de espasmos o voraces silencios,
sitio donde te sabes francamente mujer
orquestando tus ganas de mí sobre tu cuerpo,
pintándome los flancos ,las rodillas , los senos
con tu saliva ,con el tenso calor que emana
de tu sexo cuando nos encontramos.
El equilibrio junto a ti no es parte
de mis itinerarios,
como no puede serlo mi paciencia
cuando tu respiración se reduce
a una insaciable milésima de distancia
sobre mi oído o mi cuello,
borrándole coherencias al sonido
de mi nombre si tu pasión
me llama y te desviste
de toda ambigüedad
para poder viajar tus apetitos
a cuerpo abierto ;
egoísmo robándole eternidad
a la genética de los tiburones:
depredadores absolutos que conocen
su fondo a las mareas y son acreedores
de lo que significa una gota de sangre
cuando el hambre es lo único
que irrumpe en tu cerebro
y te emplaza la medula del hueso,
enunciando la teoría de la relatividad,
esa ecuación descubierta por Einstein:
la que yo vivo a experiencia
de seducción y vértigo en tus brazos.

Hay cuartos que sostienen en medio de sus ruidos

Hay cuartos que sostienen en medio de sus ruidos
la raíz de un silencio tan profundo
que los relojes enmudecen
y hasta los calendarios son capaces
de perder el conteo de los días,
vaciando entre su páginas
los símbolos que definen facetas a la luna
y a los espacios de la voz o las manos,
haciendo de la respiración otro instrumento
donde eliminar sonidos a la garganta
robando al plexo solar
su maravilla, su pasión de vida.
Hay momentos donde las coordinadas
del cerebro pierden latitudes y longitudes
y pierden estructuras de olores,
cadencias que despiertan y transforman
los códigos que avisan al corazón
sus aceleramientos de humedades
en cada golpe donde lo izquierdo de la sien
construye su arrebato de presencias.
Hay instantes que no tienen memorias,
instantes devorándole a la boca
el gesto que vistiera una saliva
al resbalar despacio la clavícula de lo letal
eso que ha sabido deletrearle al deseo
su filo de expansión a consecuencias
de espliegos y premuras.
Hay instantes que simplemente
nos descartan los ojos y las vísceras.

Hasta que llegues XX

Hasta que llegues
viviré
en un duro color
de suspensión;
no habrá más nada
ni nadie más
me contendrá
en un gesto
de fronda
y temporal,
seré una casa
de vacíos espejos
aguardando
que tu presencia en mí,
por lo cercana,
nuble el azogue natural
del cuerpo
hasta verme
ya toda respirada:
labio sobre la línea
de tu nombre
navegaré un vacío
de palabras
habitaré los filos
del aliento,
marea en las resacas
de la espalda,
vuelco de corazón
que sólo puede
para sentirse
en humedad,
ser barca.

Has estado cayendo

Has estado cayendo
todo el día
como un distante filo
hacia mi rostro
hablando tu vivir
con mi memoria;
no quiero ser
testigo a tu presencia
logro ausentarme a ratos
de tu asedio
de tu constante diálogo
a mi frente,
que como tú, se me hace imprescindible
pone fiesta a mi piel
cuelga piñatas
al corazón
y tira sin piedad
de mis sonrisas
hasta ponerlas
del color del aire:
allí vuelas cometas,
coroneles de luz
como tus ojos
que se repiten
en sin final imagen
de reflejos;
sólo entonces
la niña que soy
bate las palmas
mueve los invisibles hilos,
te convoca,
maniobra tu presencia
en el espacio,
que ya es varilla
en un papel de china
en perfecto equilibrio
con mi atmósfera
y la mujer en mí
casi contempla
en silenciosa soledad
los giros
de tu ausencia
cercando mi cabeza,
el voraz contrapunto
de ese juego
donde la sombra de tu amor
me roza.

Fluyendo en largo gesto

Fluyendo en largo gesto
fabricas las mareas
Luna o mujer
así te haces presencia.
Los espejos de tus ojos
guardan peces y cosas repentinas:
barcos que se han perdido,
mapas para llegar al punto más frágil
de una orquídea
y un tiempo sin relojes contra tu hombro izquierdo,
allí el deseo se mueve como una sinfonía,
gravita entre los caracoles,
marca los arrecifes del color de tu pelo,
habla con el lenguaje que tienen tus pezones
y dictan a las nubes lugares no antes vistos.

Como verbena mi boca I

Como verbena mi boca
se detiene frente a ella.
Nadie es capaz de conversar
la historia que sin esfuerzo crece
a su secreto de constelaciones.
Quién puede descifrar este gran hábito,
esta manera de encallar el hambre
en la continua furia de los higos;
atómica raíz reconstruyendo el gusto,
desvistiendo presencia entre los dientes.
Y es que cuando te dices,
cuando sin darte cuenta
vas soltando tus risas
desamarrando en pleno todas tus voluntades,
calibrando nocturnos pentagramas,
atmósferas, donde vas preparando
tu doble itinerario,
inexorable arquitectura
con mi yo inagotable,
sin decírtelo, entonces,
te voy prestando rutas
sitios llenos de únicos,
indómitas ciudades
que nacen a mi cuello
sorprendiendo tu espacio,
mapas para países que pre-existen
despiertos en la alcoba de mis manos
esperando que pases del brazo de otras gentes
enloqueciendo el aire,
redescubriendo a posesión la altura
torre de olor que brota,
para ti, de mis dedos;
tiempo donde tus días por ser,
se vocalizan.

Cómo te contaré

Cómo te contaré
de esa mi casa,
ese pueblo que nadie
en fija residencia quiere,
mi rechazada casa
donde amigos y gente
que aún no encuentro
viven planeando
como irse de ella.
Violenta latitud
quemando el aire.
Mi desmembrada casa
donde todos se sirven en bandeja,
asesinatos, besos, amarguras
y una ternura
que a mitad de cuerpo
nos sorprende
el viaje en equilibrio
de los ojos.
Mi casa definiendo
el horizonte
de rostros que se van
y otros perfiles
que jamás rodarán
por el amplio cuchillo
de esas calles.
Allí tuve un aroma,
una presencia
y diecisiete años
sobre el pecho,
allí aprendí a perder
todas las cosas:
los sonidos más simples,
las ausencias,
las ventanas,
los mástiles,
ciertos tonos de azul
que tiene el agua
y la manera de tocar la vida
tan sólo con el golpe de la vena.

Como hilo ensartado en ricas turquesas

Como hilo ensartado en ricas turquesas
los ojos se nos fueron anegando
con la fuerza de lo desconocido,
logrando así que lo visto y soñado
por mis Nietas- Primas, las Diosas
nos fuese penetrando las esquinas
donde las miradas se hacen posible
ensañándonos el misterio de la Flor
el perfil de las criaturas,
lo creado en ellas y de ellas
mucho antes que sus principios
ahuecaran la huella de la imperturbable
de la cual el nacer fabrica toda especie
en el paridor vientre de Esa,
que nadie sabe ni sabría comprender del todo.
De esta manera fue como la madre
de mis Hermanos y Parientes
los que visten plumaje blanco,
los preciosos mensajeros carne de jade,
nos hizo acreedores de tu firma,
de tus cantos,
regando nuestro entendimiento de cristales
para que pudiésemos habitar
la zona del destello,
el recinto del auto sacrificio,
la puerta que nos permite caminar
el misterioso corazón de lo perfecto,
traspasando el noveno dintel de la casa
de los que alientan y viven
en el poderoso círculo del Jaguar.
Así atravesamos la médula de tu hambre,
la fuerza temible,
que como un beso,
reside en las orillas de tu sexo,
hasta tocar el fuego sostenido
de tu pelvis,
el erótico brasero de tus coyunturas,
la hipnótica cadencia de tu danza,
haciendo de nuestras lenguas,
de nuestro canto,
sementera de piedras divinas,
sitio sagrado donde beber
la extraordinaria vibración de tu existir,
el gozo de tus pies,
la presencia de tus risas.
Porque como Mixcoatl: La Señora- Culebra de las Nubes,

Dentro de ti se encuentra el exacto lugar
Donde los Dioses se conjugan
Y se alimentan de entre sí.

Adrenalina en el sabor IX

Adrenalina en el sabor de mangos, te voy a seducir,
envés de esas ausencias de estarle a los contigos,
abecedario deshabitando el marco de vivir al múltiple.
Quiero encontrar espacios que van a fabricarse:
antiquarium a ritmo de presencias en calles por llegar;
quiero imaginarias tiendas, azules adoquines,
cuartos recopilando encantos a tus pasos;
sitios donde comprar miniaturas, relieves o descuidos
dejados por la huella de tu cuerpo, maravillas de olor
que van permeando sin pensarlo siquiera:
tijeras de marfil, vasos, horquillas, brújulas,
abanicos, cartas, peines, memorias de tu pelo.
Quiero comprar al tiempo cosas tuyas, greguerías,
luces que esperan por nacer, itinerarios de tu piel,
pisapapeles, sombrillas con capricho de tus dedos
redefiniendo aguaceros a libertades de una sola sílaba.
Compraría almohadones que contengan siglas de tu dormir
indefinidas zonas donde sabes soñarte la plenitud,
el secreto que mecen los sillones al estrenar tu nuca
o el lenguaje exigente de tu espalda,
cuando cierras los ojos, cuando miras.
Y entregarme de golpe al canistel que vive en tus caderas,
sobre la magia de la lengua abrirte, pulpa dulce,
al júbilo que tiene la saliva: pabellón algebraico
donde habitar alimentando a vértigo orígenes o besos
que como peces rastrean sus querencias polemizando
a irrebatible preferencia los perfiles en peso de tu boca.

Como eras la antítesis XV

Como eras la antítesis
de lo que yo creía
hasta entonces ser cierto,
mi habilidad de ver cosas,
cristales , tránsitos,
no caminaba en firme destina,
ni sabía, que tu tejías las zonas
de todos los minutos
fijando nuestro encuentro.
Sin gestos ni palabras
me acercabas al acto
de tu levitaciones;
partículas de ti
inundaban mi espectro:
sombras , memorias, nombres,
planearon tus audaces
asaltos a mi frente
plagando mis espacios
a probables futuros
de atravesar contigo
las antiguas regiones
de la forma y el tacto;
anticipando el eco
de todas mis palabras,
las que sólo se pueden
decir en tu presencia.