La caravana en el desierto

1
¡Despertad! Que ya el sol desde el remoto Oriente
dispersó las estrellas de su sesión nocturna,
y al escalar de nuevo el cielo iridiscente
la regia torre ciñe con su lazada ardiente.

2
Antes que el brillo fatuo del alba se extinguiera,
oigo una voz que dentro de la taberna grita:
-«Si el altar todo en luces para la fiesta espera,
¿por qué el tardo devoto duerme en la sombra afuera?»

3
Canta el gallo, y el grupo que a la intemperie queda,
-«¡Ea, abridnos, pues! -grita- nos resta un breve instante
de aguardar nuestro turno, pues al girar la rueda,
¡Quién hará que a este sitio volver otra vez pueda?»

4
Y ahora el nuevo año, removiendo ansias muertas,
al alma pensativa llama a la soledad,
donde Moisés asoma sus blancas manos yertas,
y Jesús resucita las llanuras desiertas.

5
Iram llevó sus rosas a donde nadie sabe,
con la septanulada ánfora de Jamshid;
¡Oh! pero aún destila del vino el rubí suave
y la fuente en el huerto canta su salmo grave.

6
Ya, de David los labios selló la última arcilla,
mas el Bulbul en sacro y mimético Pehlví,
-«Vino!» a la rosa ofrece en rauda seguidilla
para teñir de púrpura su marchita mejilla.

7
Ven a llenar mi copa, y en primaveral anhelo,
echa de ti ese manto de contrición y dudas;
El ave-tiempo apenas tiene luz para el vuelo,
y -¡mira! ya sus alas está tendiendo al cielo.

8
Ya en Babilonia impía, ya en Naishapur, mi cuna,
ya la copa os ofrezca dulce o amargo vino,
el de la vida filtra con tarde importuna,
y las hojas sin savia van cayendo una a una.

9
El alba de mañana nos traerá primorosas
nuevas rosas, mas ¿dónde se fueron las de ayer?
Pero el Estío llega desbordante de rosas,
y Kaikobad, Jamshid, volverán a sus fosas.

10
¡Y deja que se vayan! Libre el mundo se vea
de Kaikobad el Grande o Kaikosrú el potente;
y de Rustúm los gritos llamando -«¡a la pelea!»
y Hatím-Taí -«¡a la orgía!»- allá se vayan, ¡Ea!

11
Ven tú conmigo al margen de este oasis florido
que pone nuevo verde al valle pedregoso:
Aquí «esclavo» y «sultán» duermen igual olvido,
y -«paz a Mahmoud»- clama amor compadecido.

12
Aquí con un mendrugo, entre el gayo ramaje,
una ánfora de vino, un manojo de versos,
y tú conmigo, sola, cantando entre el boscaje,
es para mí un paraíso el yermo más salvaje.

Lo fugitivo y lo eterno (13-26)

13
¡Cuántos la gloria buscan en este mundo vano!
¡Cuántos van tras los goces futuros del Profeta!
¡Oh! tu oro, poco o mucho, asegura en tu mano…
Ni te seduzca el eco de ese tambor lejano.

14
Si locura no fuese, cual la araña en su nido
cuidarías la tela de tu vida presente:
¿Y a qué, si nadie sabe si el aliento absorbido
puede volver al aire de donde fue bebido?

15
¡Mira esa rosa, cómo su aire de reina asume!
Ella sonríe y dice: -«Yo en esta tierra impero;
de mi bolsa de seda el nudo se consume,
y vierte en los jardines la gracia del perfume».

16
La terrena esperanza do el alma se encadena
o se torna en cenizas o en el logro se colma:
Por sólo una o dos horas su loco andar serena,
y a volar, cual del yermo la diluida arena.

17
Ni el que su oro guardara con sórdido decoro,
ni los que 10 arrojaron al viento cual la lluvia,
ninguno fue enterrado como ceniza de oro
para incitar las ansias de exhumar su tesoro.

18
Y piensa, amigo, que esta tienda desvencijada
a cuyas puertas túrnanse las noches y los días,
fué de un sultán tras otro con su pompa habitada
por breves horas y… de prisa abandonada.

19
Los leones y lagartos han hecho su guarida
donde Jamshid brillara y hondamente bebiera
y de Bahrán forzudo la cabeza temida
pisa el asno salvaje, ¡mas no vuelve a la vida!

20
En palacios que al cielo alzaron sus pilares
y reyes a sus puertas curvaron las cabezas,
yo oí la triste tórtola, sola entre sus sillares,
-«Cuú, cuú. -gimiendo sus íntimos pesares.

21
¡Oh, dulce amada! llena la copa que hoy liberta
de dolores pasados y nuevas inquietudes:
¡Mañana! ¿Y qué? Mañana, si mi vida despierta,
siete mil años idos llamarán a mi puerta.

22
Porque aquellos que amamos con más santos amores,
en quienes ya el tiempo apuró su vendimia,
también su copa alzaron y ciñeron sus flores
y a reposar se fueron hacia mundos mejores.

23
Y nosotros que el fausto de este estío gozamos
en la cámara misma que abandonaron ellos,
a su capa de tierra a nuestra vez bajamos
a formar otra capa… ¿y a quién se la dejamos?

24
Pienso a veces que nunca la rosa abrió más roja
que sobre el suelo ungido por la sangre de un César
y el jacinto glorioso que del sol se sonroja,
de una cabeza antigua caído al surco se antoja.

25
Y esta preciosa hierba cuyo verde apacible
guarnece la ribera que nos hospeda grata,
pisa en ella muy suave, pues saber no es posible
de qué labios amantes ella brota invisible.

26
¡Oh, sí! apresuremos nuestro humano trajín,
antes que suene la hora de bajar hacia el polvo:
¡Polvo al polvo y debajo yacer del polvo ruin,
sin vino, sin canciones, sin cantar y… sin fin!

Ayer, hoy, mañana

27
A aquellos que en el hoy aguardan su ventura,
y a los que en el mañana fijaron su esperanza,
un muezín les grita desde la Torre Oscura:
-«¡Locos! ni aquí, ni allí, vuestra paga es segura!»

28
En sueños, otra voz, que me repite, advierto:
-«La flor abrirá al beso de la nueva mañana»;
mas un rumor que pasa, me dice, ya despierto:
-«La flor que ayer abrió, dio su aroma y ha muerto».

29
Y los santos, y sabios, y rígidos ascetas
que de ambos universos el estudio agotaron,
son arrojados fuera como locos profetas,
sus bocas y palabras del mismo polvo prietas.

30
¡Oh! cuando yo fui joven ávido he frecuentado
los santos y doctores, y oí cosas sublimes
sobre esto y sobre aquello: mas siempre me ha pasado
volverme por la puerta por donde había entrado.

31
Yo he sembrado semilla de aquel saber arcano,
y la ayudó a crecer la labor de mi mano:
y ésta fue mi cosecha: -«yo vine como el agua,
y me voy de este mundo como va el viento vano».

32
Llegado a este Universo el porqué ignorando
y el de dónde, como agua que, quiera o no quiera, corre,
salgo de él como el viento que el desierto cruzando,
sin saber hacia donde, quiera o no sigue andando.

33
¿Y qué, y así me traen desde un donde cualquiera
y desde aquí hacia allá, sin pulsar mi albedrío?
¡Si el cielo, al menos, darnos siempre el vino quisiera,
que ahogue este recuerdo que la mente lacera!

El gran secreto

34
Por la séptima puerta, sidéreo peregrino,
volé y fui a sentarme de Saturno en el trono:
Muchos cerrados nudos desaté en mi camino,
mas no el nudo maestro del humano destino.

35
Y allí estaba la puerta cuya llave no vi;
y allí se alzaba el velo que lo ocultaba todo:
Un vago murmurar cerca de Ti y de Mí
se escuchó… y después nada, ni de Mí ni de Ti.

36
Nada pudo la Tierra decir, ni el taciturno
mar que en flúida púrpura su ausente Dios implora;
ni el cielo que mil signos pregonan, y a su turno
velan, la luz del día y el luminar nocturno.

37
Luego al Tú en Mí que oculto tras el velo infinito
incesante labora, en mi extravío invoco:
-«¿Con qué lumbre orientarme en mi vagar fortuito?»
-«Con una mente ciega!»-se contesta a mi grito.

38
Después el labio frío de este vaso terreno
besé, en pos del Secreto del Pozo de la Vida,
y a mi ardiente contacto, -«¡Bebe, dijo, sin freno
en vida, antes que duermas en el eterno seno!-

39
Y pienso que aquel vaso que tímido me hablara,
también vivió su vida y bebió con deleite;
y su labio impasible que en mi sed yo besara,
¡cuántos besos sintiera y ¡ay! cuántos otorgara!

40
Y recuerdo que un día mi paso se detuvo
por ver un alfarero que batía su barro:
Y el barro en frase tímida su frenesí contuvo:
-«¡Suave, hermano, mi forma también tu forma tuvo!»

41
¿Y no es ésta la misma milenaria balada
que desde el primer hombre historia abajo rueda,
sobre aquella bolilla de tierra fecundada
que dentro el limo humano dejó Dios encerrada?

42
Y ni una de esas gotas que de la copa echamos
a la sedienta hierba, se escurrió bajo tierra,
a mitigar la angustia de un alma que olvidamos
y muy hondo y muy lejos en el tiempo dejamos.

43
Como los tulipanes, en su sed inexhausta
de celeste vendimia, sus cálices elevan,
tú podrás desde arriba conjurar tu hada infausta,
inclinándote a tierra como una copa exhausta.

44
Mientras del breve viaje el fin no se resuelva,
puedes la amada forma ceñir entre tus brazos,
antes que la alma tierra a recobrarte vuelva,
y en la última caricia en polvo te disuelva.

45
Si la copa en que libas, si el labio que oprimiste
acaban donde todo comienza y se concluye,
piensa que ahora eres el mismo que ayer fuiste,
y más allá no harías nada más que aquí hiciste.

46
Cuando el Ángel, copero de aquel brebaje oscuro,
te halle sentado al margen del río confidente,
y te ofrezca su néctar, no huyas del conjuro:
Toma y bebe hasta el fondo con ánimo seguro.

47
Ni temas que al ajuste de tu vida irredenta
pueda romperse el molde, ni extinguirse tu tipo:
el Saki eterno ha echado, en innúmera cuenta,
de esas mismas burbujas en la copa sedienta.

48
Cuando hayamos cruzado tú y yo el negro velo,
¡Oh! el mundo impasible continuará su ronda;
nuestra venida y vuelta le darán tal recelo
como al mar si le arrojas un guijarro del suelo.

49
¡Un instante de aliento en la ruta desierta
gustar solo una gota del agua de la vida!
Las estrellas se apagan; la caravana alerta
parte ya hacia la Nada: ¡ya es la hora, despierta!

50
¿Y necio gastarías en pos del Gran Secreto
esta brizna de vida? Un cabello, nos dicen,
de lo cierto y lo falso forma el espacio neto:
Y el hilo de la vida ¿de dónde está sujeto?

51
¡Que un cabello lo falso de lo cierto separa!
¡Oh, sí! Aunque un tilde fuese la seña guiadora,
acaso hasta el oculto Tesoro te llevara,
y acaso contemplases al Señor ante su Ara.

52
Su presencia difusa por las arterias rueda
del mundo como azogue, para ahorrarte su busca:
desde Máhi hasta Máh, toda forma remeda:
Todo muda o perece, mas Él inmune queda.

53
Un momento fantástico y luego al negro abismo
volver con igual prisa, do el drama se despliega,
en que para solaz del eterno humorismo,
Él lo inventa, es artífice y actor a un tiempo mismo.

54
Si en vano bajo el suelo con avidez sondeas
y hacia arriba, a esa Puerta sin término sellada,
-Hoy, mientras seas tú y un sentido poseas,-
¿Qué harás mañana cuando ni tú ni nada seas?

La magia de la viña

55
¡Oh!, no más te atormente lo humano o lo divino,
y que el mañana solo desate su madeja:
¡Hunde tus dedos muelles en el ébano fino
de las trenzas de alguna flexible Hada del vino!

56
Y tu hora no malgastes, ni en la conquista ociosa
de este o aquel engaño te empeñes ni disputes:
Alégrate más bien con la uva generosa,
que ir en pos de una fruta, o ausente, o venenosa.

57
Y bien sabéis, amigos, con cual altivo porte
de mi nuevo himeneo celebré el festival,
La Razón repudiando de mi lecho y mi corte,
y a la Hija de la Viña tomando por consorte.

58
Si al «es» como al «no es», en cierta ley y norma,
y el «abajo y «arriba» con lógica defino,
de todo lo que he visto en la sensible forma,
lo más hondo es el vino que en su alma se transforma.

59
Mas mis computaciones -se dice- punto a punto,
han ajustado el año a la humana medida;
y si es así, arranca, de un golpe y todo junto,
EL «mañana» aun innato y el «ayer» ya difunto.

60
Y poco ha en la Taberna, por la puerta fluía,
filtrándose en la sombra, una silueta de Ángel:
una pintada cuba en su espalda traía;
La gusté, y de la uva el sabor trascendía.

61
La uva, sí, que puede con lógica absoluta
las setenta y dos sectas rivales confundir
Con su Alquimia, que al plomo de nuestra vida bruta
en un tris de maniobra en oro lo transmuta.

62
Y el potente Mahmoud que aliento de Allah aspira,
la tenebrosa turba, la temerosa horda
de espantos y tristezas, que nuestra alma transpira,

63
Y si esta esencia fuese de Dios un atributo,
¿Quién blasfemar osara de la vid como un lazo ?
Y si es un crimen ¿quién nos mandó su tributo?
Antes, pues, como gracia gustemos de su fruto.

64
Debo abjurar del Bálsamo de vida, sí, ya es hora;
Antes que nuevas tasas pague mi fe sincera,
O, yendo en pos de alguna bebida redentora,
mi vaso caiga al polvo que todo lo devora.

65
Si la secta de abstemios del amor y del vino
sola es llamada al goce del Edén del Profeta,
¡Ay! temo que el Paraíso, con su encanto divino,
Vaya a quedar desierto, sin fieles ni destino!

66
¡Amagos del infierno! ¡Promesas del Paraíso!
sólo es cierta una cosa -que nuestra vida vuela!
Sólo es cierta una cosa, -lo demás falso viso-:
«La flor que un día abriera, por siempre se deshizo»

El vuelo del alma

67
Y caso extraño ¿no? De las vidas aquéllas
que primero pasaron tras la cortina oscura,
ninguna aquí retorna a mostrarnos sus huellas,
para abrir nuevas rutas por entre las estrellas.

68
Y las revelaciones del sabio y del devoto,
que profetas ungidos en llamas difundieron,
¿qué son sino consejos de un ensueño remoto,
dichos y al punto vueltos a su dormir ignoto?

69
Porque si el alma puede dejar su polvo turbio,
y cabalgar desnuda por los aires del cielo
¿No es, acaso, vergüenza, no es un fatal disturbio
habitar por más tiempo en este vil suburbio?

70
Y éste es sólo una tienda donde un sultán reposa
mientras va de camino al reino de la muerte:
Sale el sultán, y al punto, un hosco peón de fosa
la alza, y para otro huésped la adereza lujosa.

71
Y yo envié mi alma tras lo Invisible eterno,
del más allá una carta buscando descifrar;
tras una larga angustia de mi conflicto interno,
vuelve y me lee: -«Mira: yo soy Cielo e Infierno».

72
Cielo es sólo visión del Deseo cumplido
y el Infierno la sombra de un alma de ansia presa,
lanzada a esta tiniebla donde, apenas surgido,
el hombre ha de quedar en polvo convertido.

73
Y al fin no somos más que una movible fila
de fantásticas formas que vienen y que van
en torno a esta Linterna del Sol, que alumbra, oscila,
y el Maestro abre y cierra cual mágica pupila.

74
Nosotros, piezas mudas del juego que Él despliega
sobre el tablero abierto de noches y de días,
aquí y allá las mueve, las une, las despega,
y una a una en la Caja, al final, las relega.

75
La bola nada inquiere de sí, ni no, ni modo,
y el jugador doquiera de un lado al otro corre:
pero él, que los echara en el campo de lodo,
todo de ellos lo sabe, ¡oh, todo, todo, todo!

76
Su índice el fallo escribe: si tu piedad impetra,
si tu ingenio excogita, si tu fe intercede
por borrar una línea, tu voz nunca penetra;
ni tus lágrimas juntas lavarán una letra.

Predestinación

77
Que el Doctor y el Filósofo sigan en su faena
de hablar de lo que quieran y de lo no pensado:
Todo no es más que un tramo de infinita cadena
que nadie mueve, corta, ni hace girar , ni enfrena.

78
Y esa crátera inversa del cielo que te escuda,
bajo la cual rampantes vivimos y morirnos,
no le tiendas tu mano en súplica de ayuda,
pues, ¡como tú y yo gira tan impotente y muda!

79
Del primitivo barro se hizo el hombre primero,
y se echó la semilla de la última cosecha;
y la primera aurora dejó escrito el letrero
que leerá la última de aquel Juicio postrero.

80
El ayer ya dispuso del hoy la suerte triste,
y el silencio y el triunfo y el dolor del mañana:
¡Bebe! pues que no sabes cuándo y porqué viniste
e ignoras porqué y dónde predestinado fuiste.

81
Cuando el corcel flamígero de estrellas fué domado
y fijos los destinos de Parwin y Mushtari,
mi sino así fue escrito dentro del desmedrado
grumo de polvo y alma para mí prefijado.

82
Brotó la vid, y mi alma de su esencia fué ungida
y aunque ría el Derviche, de mi metal plebeyo
puedo forjar la llave para darle subida,
cuando aúlle a la puerta su alma despavorida.

83
Y esto más sé: ya sea que la luz verdadera
en amor me deleite o en ansia me consuma.
Un solo rayo suyo que en mi copa encendiera
es mejor que en el templo perderla toda entera.

84
Por cierto que más vale desde la innocua Nada
hacer vivir un algo de conciencia o sentido,
que soportar el yugo de la dicha vedada,
con penas infinitas si la ley es violada.

85
¡Cómo! ¡Ser resarcido por la inmane criatura,
en oro vivo, de eso en vil mezcla prestado;
por deuda no debida ser juzgada perjura,
sin poder contestar! -¡Oh, mercancía impura!

86
No será por temer su mirada severa:
no confundir os juro su gracia y su injusticia;
y al cobarde que tales confesiones hiciera,
de la Taberna echáranle por la ventana afuera.

87
¡Oh, Tú! que de mil lazos y pozos sin medida
de mi paso errabundo sembraste el derrotero,
¿No harás que un mal prefijo mi marcha enrede e impida,
e impute luego a crimen mi segura caída?

88
¡Oh, Tú! que al hombre hiciste de la arcilla más vil,
y en el Edén, oculto, lo pusiste al reptil,
de toda humana falta que su vida mancilla,
dale el perdón y el suyo recibe Tú… ¡es gentil!

El coloquio de las ánforas

89
Oye más: una noche, entre el rumor postrero
del Ramazán, y antes que la luna se alzara,
quedéme solo dentro de un taller de alfarero,
por su pueblo de arcilla rodeado y prisionero.

90
Y esta vez, entre todos, la voz desvanecida
circula cual si fuese el chirrido medroso
de cenizas de alguna lengua ha tiempo extinguida,
que mi oído excitado devolviese a la vida.

91
Entonces uno dijo: -«No fué vano el intento
de amasar mi substancia con la más vil materia:
El que, sutil, me diera la forma que hoy ostento,
podrá tornarme en tierra informe en un momento».

92
Y otro replica: -«¿Y qué? ¿Acaso no podría
un niño que en la copa escanció con deleite,
romperla, y el que la hizo de amor y fantasía,
no la quebrara, acaso, de cólera algún día ?»

93
Nadie dió la respuesta; pero tras breve pausa,
otro vaso de menos arrogante figura,
-«Me burlan -dice- por mi menguada apostura;
¿la mano del artista tembló, pues, por mi causa?»

94
Con la muerte y la vida el mismo qué inquiero;
el porqué siempre listo, pero no el por tanto;
y así otro vaso anónimo interroga certero:
-«¿Quién aquí es la vasija y quién el alfarero?»

95
Dijo uno: -«Todos hablan de un Señor inmutable,
y su rostro le tiznan con humo del Infierno,
y también de un juicio último de rigor implacable…
mas es buen camarada y todo irá admirable».

96
-«Bien -otro habló-; si así es, probémoslo conmigo:
mi arcilla, por olvido del Maestro, se ha secado;
mas llenadme de nuevo del viejo vino amigo
¡y veréis con qué gracia mi frescor os prodigo!»

97
Y mientras que los vasos van así departiendo,
otro espiaba hacia afuera la luna en el creciente:
y habló: -«¡Hermano, hermano! -el Shawwal presintiendo,-
¡ya el nudo de la bolsa se abre, ya está crujiendo!»

El ocaso del astro

98
Ah! reanimad con la uva mi marchitada vida;
ungidme en sus aromas si es ya mi último sueño;
y envuelto de hojas frescas en túnica florida
dejadme entre las frondas de una huerta escondida;

99
Para que, reviviendo por la vernal tibieza,
pueda enviar mis adioses a los viejos amigos,
en la rama que al muro se inclina y se adereza
para verter sus flores por sobre su cabeza;

100
Para que mis cenizas, como el vástago altivo
de la viña, el espacio en espiral escalen,
y así, el buen creyente, si pasa pensativo,
no quedará enredado por absorto o esquivo.

101
¡Ah! y en verdad los ídolos que yo amé con pasión
mucho daño me hicieron a los ojos del mundo:
En frágil copa ahogaron mi gloria y mi ambición
y mi fama vendieron por una ruin canción.

102
Es cierto, sí, es cierto: Yo prometí enmendarme;
lo juré, ¿mas estaba en mi juicio al jurarlo?
La Primavera vino sus rosas a ofrendarme…
y de mi contrición la túnica a rasgarme.

103
Y aunque el vino el sainete del infiel me jugara,
y aunque me despojase de mi traje de honor,
yo admiro siempre cómo el viñador comprara
tal merca por venderla la mitad menos cara.

104
¡Ah, y esta Primavera marchitará sus rosas!
Se cerrará este escrito de juvenil perfume;
y el Bulbul que en sus frondas ritmó piedras preciosas,
¿dónde tendió -quién sabe- sus alas misteriosas?

105
¡Si al menos de la Fuente del Desierto surgiese
una vaga vislumbre que el rumbo revelase!
El caminante exánime al frescor reviviese
cual la hierba del campo que el rocío reverdece.

106
¡Ah! si fuese posible rehacer el Universo,
cerrar a nuestro antojo el Libro del Destino;
el Autor en un folio más sonrosado y terso
grabara nuestros nombres, ¡o borrara su verso!

107
¡Oh Amor, si pudiéramos con ayuda del Hado
tachar de un rasgo solo todo este embrión de cosas!
Vuelto de nuevo a polvo, lo habríamos forjado
más cercano a la forma que hubiésemos soñado.

108
¡Cuánto mejor no fuera del catálogo arcano
borrar del Universo toda alma infortunada,
que engrosar gota a gota del infortunio humano
los ríos que se llevan al Infinito Océano!

109
Mas la luna del cielo, al subir en Creciente,
nos mira, oh dulce amada, tras el trémulo llano:
¡Cuántas veces, más tarde, me buscará impaciente,
entre estas mismas hojas, y vana, vanamente!

110
Y cuando el pie de nácar Tú deslices un día
por las tumbas dispersas sobre esta hierba mustia,
y en tu vagar abstracto llegues hasta la mía,
¡vuelca tu copa y, quede para siempre vacía!

Así sea.

Corazón

Más que cien Kaabas hechas de agua y tierra
vale en la vida un noble corazón;
en los países del mañana aferra
cuantos puedas al propio corazón,
y en las tierras del hoy, de un puro amigo
adhiérete por siempre al corazón.

Deja ya de la Kaaba el falso abrigo,
y corre al mundo en pos de un corazón.

Soy así

¿Que yo del vino soy devoto ciego?
Y bien, lo soy.
¿Que soy infiel, idólatra del fuego?
Y bien, lo soy.

Cada uno de mí en su idea fía;
mas yo, dueño de mí, tengo la mía:
Soy lo que soy.

El lenguaje misterioso

Este rubí precioso fue extraído
del fondo de una mina ignota y rara,
y esta perla purísima y sin copia
en seno oculto de la mar fue hallada…

Mas digo mal: ni mina ni océano
de otras minas u océanos se apartan:
Sólo el secreto del amor se expresa
en lengua de los hombres ignorada.

El vino del amor

Mi pobre corazón de angustia herido
y de locura, no podrá curarse
de esta embriaguez de amor, ni libertarse
de la prisión donde quedó sumido.

Pienso que el día de la creación
en que el vino de amor fue al hombre dado,
el que llenó mi copa fue esenciado
con sangre de mi propio corazón.

Renovación

La rueda de los cielos rauda gira
aun después de mi muerte y de la tuya;
y porque nuestra pena no concluya,
contra tu alma y mi alma ella conspira.

Ven sobre el verde césped, dulce Amor,
reposa en mí tu frente pensativa;
sólo nos resta una hora fugitiva
de descansar sobre esta hierba en flor .

Después… vendrá otra hierba aún más fresca
del suelo que de amor se fertiliza,
cuando de tu ceniza y mi ceniza
la nueva savia en su eclosión florezca.

Incógnita

Sí, yo sé, mi persona toda es bella,
delicioso el perfume que ella exhala,
el rosa mío al de la rosa iguala,
mi línea al lado del ciprés, descuella.

Mas, con todo, esta incógnita me aterra:
¿Por qué mi alto Escultor me hizo de tierra?

La hez del vino

Si de mi juventud es hoy la fiesta,
la ofrendaré del alba hasta el ocaso,
apurando a placer vaso tras vaso
el viejo vino que a soñar apresta.

Si la halláis en sus heces escondida,
no maldigáis, amigos, su amargura,
porque fue su exquisita levadura
esencia de mi sangre y de mi vida.

El ánfora simbólica

Esta exhumada ánfora de arcilla
fue en su tiempo lo que yo soy ahora:
Un amante no amado, mas que adora,
y de fe y de pasión es maravilla.

Y estas dos asas de su cuello erguido
que al libador ofrécense, anhelante,
fueron los brazos de un feliz amante…
Y así quedó, y el vaso fue cocido…

La copa viva

Hoy ella vió del alfarero mago
de vasos la magnífica teoría,
de toda forma y toda edad, y había
en todos ellos un misterio vago.

Su emoción al sentir, dijo el artista:
-«Todos fuimos arcilla y éstos fueron
reyes, poetas y amantes que murieron
legando al sutil polvo su conquista».

«EI Espíritu, el vino de la tierra,
busca en cada vasija al propio dueño,
queriendo ansioso revivir su ensueño
al contacto del vaso que lo encierra».

«Mira, toma esta copa, ya palpita
al verte aproximar; no espere en vano
el beso de tu boca o de tu mano,
que un muerto amor por renacer se agita».

Y al acercar su labio, con su aliento
cobró vida el Espíritu dormido;
una palabra murmuró a su oído,
y eran su misma voz, su mismo acento.

¡Ay! y el viejo Khayyám, un vivo muerto,
canta el milagro de aquel muerto vivo,
y se marcha en silencio, pensativo,
a contar sus tristezas al Desierto.

La inquietud eterna

Amor que sólo vive en este mundo,
fulgor de pensamiento no refleja,
y como el fuego a medias extinguido
ya no enviará calor hasta las venas.

Mas el amor que vive idea y alma
y alcanza la recóndita belleza,
ese no ve en los años, ni en los meses
ni en los días y noches una tregua:

No ha de saber qué sean, ni el reposo,
ni la serenidad, ni la fe buena,
ni ha de nutrir la carne, ni habrá nunca
noche en que el sueño a las pupilas vuelva.

Bautismo de sangre

Arrebatada por la loca rueda
de la fortuna caprichosa y vana,
que sólo a los mediocres favorece,
en angustia y dolor mi vida pasa.

Y en el jardín de las terrenas cosas
mi alma como un capullo está cerrada,
y como el tulipán de hojas de seda,
en bautismo de sangre se consagra.

Sed inextinguible

Mi amor está en la cima de su llama,
mi amada en el zenit de su hermosura,
mi corazón desborda de ternura
y ebrio de inspiración mi mente inflama.

Siento en mi alma desbordar los ríos
de mis palabras y de mis canciones,
y al querer modular sus expresiones,
mudos siento temblar los labios míos.

Gran Dios ¿qué extraño caos en mí impera?
Mientras por mí en rïente primavera
fresca surgente de agua viva pasa,
mas me consume de la sed la brasa.

Renacimiento

Ya es la estación de las rosas:
El corazón renaciente,
anuncio heráldico siente
de libertades preciosas.

Tengo ideas primorosas,
de locuras sed ardiente,
desafiando irreverente
del Korán reglas famosas:

En la dulce compañía
de la dilecta alma mía
libar el néctar carmíneo;
y el resto, el suelo al ungir,
tapiz rojo hará surgir
para su pie apolíneo.

Iconoclasta

¿Crees tú que en el alma del artista
que un día ideó y cinceló la copa,
puede nacer el demoníaco sueño
de verla rota ?

¡Oh! tú no crees, como yo no creo,
que la divina mente creadora
quiera destruir lo que en deliquio sacro
la mano forja.

Si es así, y las cabezas apolíneas,
los brazos y las manos que la forma
femenina hasta el éxtasis exultan,
han de reunirse al polvo de la fosa.

¿Por cuál extraño amor fueron forjados,
y por cuál odio vil son mutilados?

Agua y sal

Cuando la sed la lengua paraliza
y el sol arroja chispas de su fragua,
toda la tierra en coro diviniza
la gota de agua.

Yo aplico el labio a la impregnada greda,
bebo con ansia convulsiva y larga;
y es la última gota -la que queda-
la gota amarga.

El hambre fui a saciar de mis faenas,
a consumir el pan de mi salario,
mezclando con la sangre de mis venas
todo mi ideario;

Lo impregné de la sal de los sabores,
por propiciar los númenes felices,
y la sal reabrió en sangrientas flores
del corazón las viejas cicatrices.

La vida universal

La justicia es el alma de este mundo,
y este mundo es su cuerpo y nada más;
sus sentidos, los ángeles; sus miembros,
las cosas en su inmensa variedad:
Lo cierto es sólo la Unidad Eterna,
mentira lo demás.

El más fuerte

He visto un hombre que al huir del mundo
halló su paz en tierra desolada:
no fue un hereje ni un muzlim profundo,
no tuvo bienes ni creencia en nada,
ni en verdades, ni en dudas, ni en la muerte.

¿Quién en el mundo pudo ser más fuerte?

Mi interrogante

¡Oh, pobrecita alma mía!
Si el llorar y el disolverte
hasta la sangre y la muerte
es tu condena sombría;
si el alba de cada día
te trae un nuevo tormento,
dime, alma, tu pensamiento:
¿Qué has venido a hacer aquí,
si no has de vivir en mí
más que el lapso de un momento?

Mis dos secretos

¿Cómo queréis que los secretos míos
con la misma confianza los revele
a justos y a malvados y no vele
por la intangible unción de mi ideal?

Yo no puedo a ignorantes y a impíos
explayar gérmenes de pensamientos
donde duermen terribles argumentos,
que el gran misterio pueden develar…

Sé de un sitio en el cielo indescriptible:
Y un secreto que dar me es imposible.

No hay alma que no llore por tu ausencia

No hay alma que no llore por tu ausencia,
hasta fundirse en lágrimas de sangre;
no hay ser vidente que al mirar tus gracias
preso de sus hechizos no se encante.

Y al ver que tú por nadie te interesas,
todos cautivos a tus plantas caen.

Nada

Has recorrido el mundo palmo a palmo
y todo aquello que en el mundo viste,
es nada, nada;

Has sentido pasar como un ensalmo
músicas y palabras: cuanto oíste,
es nada, nada;

Al Universo todo lo has medido,
y el Universo en su infinita anchura
es nada, nada;

Por fin en el rincón te has escondido
de tu alcoba, y ¿ qué vio tu desventura?
¡Nada, nada, nada!

El viaje eterno

Triste Khayyám, tu cuerpo es una tienda,
y el alma que la habita es su Sultán;
su horizonte, desierto y más desierto;
la Nada, su final.

Cuando el Sultán la tienda ha abandonado
sepultureros a destruirla van,
y a alzarla en otra etapa del viaje
que no acaba jamás.

El telar de la ciencia

Fabricante de tiendas fue tu padre,
y tú, Khayyám, ingrato al noble oficio,
tras no sé qué ignorado beneficio,
tiendas de ciencia te pusiste a hacer.

La Parca con sus fúnebres tijeras
cortó en pedazos tu telar flamante…
y luego, un baratero trashumante,
«Por lo que den» los hubo de vender.

La justa misericordia

¡Oh, Dios! tú eres piadoso:
Misericordia y clemencia
son tu virtud y tu esencia
para este mundo afanoso.

¿Por qué a nuestro padre Adán
del Edén echaste, cruel,
si las que juzgaste en él
culpas, en tu mente están?

Si por fiel perdón me dieras,
no es tal tu piedad sublime:
El perdón sólo redime
al que es pecador de veras.

Lo que pasa

¡Qué raudo el tiempo pasó
de la ardiente adolescencia!
La primaveral esencia
del placer se evaneció.

De la Juventud el ave
de plumaje bizantino,
¿Quién sabe cuándo aquí vino?
Y cuándo se fue ¿quién sabe?

Vida beata

¡Oh, mil veces dichosa
alma del que pasó desconocido,
que el djubeh del magnate no ha vestido,
ni del soldado la derreh nudosa,
ni del Sufi la estola pretensiosa!

¡Ah! pero él fue como el Simourg sagrado
por el ideal al cielo levantado,
en vez de sumergirse en las neblinas
del mundo, como el búho entre las ruinas,
y ser por sus escombros aplastado.

Fariseísmo

Sé de ignorantes que jamás pasaron
una vigilia en pos de una verdad,
y más allá de sus carnales muros
un solo paso no dieron jamás.

Pero son ellos los que visten toga
y en aire de señores graves van;
y son ellos los viles detractores
del Puro, a quien jamás comprenderán.

Ofuscación

Toros los que a la tumba han descendido,
en cenizas o en polvo se han disuelto;
sus átomos sin liga, se han revuelto,
y aquí y allí dispersos se han perdido.

¡Ah, Señor! ¿qué diabólico brebaje
es éste que los hombres han libado,
que en locos sin remedio se han trocado
para ofuscarse más en su miraje?

Y así, del Gran Problema, ni un indicio
tendrán, hasta que llegue el postrer juicio.

Divina complicidad

Cuando Dios mi barro hacía
y mi cuerpo modelaba,
ya sabía, ya ordenaba
todo lo que yo sería.

Y si un pecador he sido,
Él parte en mi sino fue:
Entonces, digo, ¿por qué
en el infierno me ha hundido?

Perlas e ideas

Y ahora me voy a marchar,
y será triste este día:
de cien perlas que tenía
sólo una pude engarzar.

¡Ay! de la vida al través,
las ideas por miriadas,
del hombre, deja ignoradas
la ceguera o la estultez.

El veneno y el antídoto

De este viejo Khayyám oye el consejo:
Busca siempre del sabio la amistad;
de los que viven en honestidad
sea la vida para ti un espejo.

Que la distancia de la tierra al cielo
te aleje del estulto e ignorante,
y la luz de tu fe vaya delante
para alumbrar las rutas de tu vuelo.

Si un hombre de saber te da un veneno,
bebe sin vacilar el vaso lleno;
del tonto, aunque el antídoto te ofrezca,
vuelca la copa, aunque todo perezca.

Problema insoluble

Pusiste en mí pasiones indomables
y un deseo tenaz que me devora;
su imperativo impúlsame a saciarlas,
pero lo vedan tus sagradas normas.

La pobre humanidad vacila y gime
entre los dos extremos de tu dogma:
Tú le prohíbes derramar el vino,
¡pero le ordenas inclinar la copa!

Lo fugitivo y lo eterno

Si quisieras escucharme
te podría aconsejar:
Sabes que la ciencia mía
es de verdad.

Mira, no vale la pena
de revestir el talar
manto de la hipocresía,
que es falsedad.

Vé que no tiene comienzo
ni fin la inmortalidad:
no vendas por un instante
tu eternidad.

Injusticia y desigualdad

1
¡Oh, qué dolor que en este horno candente
donde se ha de fundir la masa humana,
sean los crudos más favorecidos
con el pan más cocido de la hornada!

Y que en este taller de forma y peso,
donde cada uno su porción aguarda,
sean los incompletos los que lleven
la más completa dote de la fábrica.

Cuando los ojos de las odaliscas
son dulce regocijo para el alma,
han de ser estudiantes, aprendices
y esclavos los que gocen sus miradas.

2
¿Y por qué un hombre que sólo recibe
por su faena un pan para dos días,
y que en un tiesto desdentado bebe
de la cisterna el agua cristalina,

por qué ha de amoldarse a servidumbre
de quien no vale por su propia miga,
y ha de rendir su libertad a otro hombre
que es su igual por las leyes de la vida?

Oh, Señor, que los mundos has creado:
Tú les trazaste una órbita exclusiva,
fundaste un orden y equilibrio eternos
sin choques, ni ambiciones, ni conquistas:

¿Por qué sólo a esta mísera criatura
le diste una alma inquieta e infinita?
¿Debe romper el orden de los mundos?
¿Debe alterar el fiel de tu justicia?

Moisés y Jesús

Llegó el instante en que la tierra entera
va a adornarse de gracias y verdura,
y de Moisés por entre la espesura
la mano evocará a la Primavera;

En que, animados del divino aliento
De Jesús vivo que en los campos yerra,
van a surgir del fondo de la tierra
los retoños, al sacro encantamiento.

Y la nube, al pasar, del rayo herida,
hará llover sus lágrimas de vida.

Pecado y perdón

¿Por qué tanto llorar por tu pecado,
sabio Khayyám? ¿Qué suerte de consuelo
halla tu alma en arrojarte al suelo
en un auto-tormento así extremado?

Tú sabes, por tu ciencia y tu cordura,
que el perdón tras la culpa gustarías:
¿Cómo, pues, sin pecar conocerías
del Perdón la eucarística dulzura?

Sordos y ciegos

¡Oh, eterna tragedia humana!
En pos de Ti el mundo entero
corre, indaga y peregrina
por mares y por desiertos.

Los derviches y magnates,
con su oro y sus privilegios,
no han podido aproximarse
hasta tu divino asiento.

En tanto, en todo lenguaje,
Tu nombre es música y verbo;
pero todos están sordos
para oírlo y conocerlo.

Todos tu visión ansían;
te llaman con loco anhelo;
Tú apareces, Tú iluminas…
¡Pero todos están ciegos!

Vuelo inútil

Tuve un Edén, de mil que el cielo encierra,
sin cuitas y sin dudas ni temores;
y un día, ansiando ver cosas mejores,
como un halcón lancéme hacia la tierra.

Mas ¡ay! desde que aquí llegué, perdido,
solo, con los secretos de mi ciencia,
no hallo alma digna de mi confidencia…
y huyo de nuevo por donde he venido.

Círculo vicioso

¡Oh, rueda eterna del cielo
que no para un solo día,
cómo tu voltear me hastía,
cómo mi descanso anhelo!

En vano mi ciencia apuro
por librarme de su giro;
en vano a esa dicha aspiro
y al mismo Creador conjuro:

Rebelde a mi condición,
ni mi ciencia es suficiente,
ni puedo infinitamente
seguir esta rotación…

La gota de agua y el océano

La gota de agua del mar,
desprendida y solitaria,
en playa inhospitalaria,
triste se puso a llorar.

El Océano al sentir
tan tierna lamentación
de aquella separación,
la piedad le hizo sonreír.

-«Hija mía, entre los dos
hay una sola unidad,
y sobre esta inmensidad
no hay más grandeza que Dios.

«Entre tu cuerpo y el mío
nunca la extensión verás:
nadie medirá jamás
la inmensidad del vacío».

La caída de las hojas

EL aura primaveral
despierta al jardín, mimosa,
y el ruiseñor, por la rosa
entona su himno nupcial.

Bajo la aromada sombra
de los tupidos rosales,
en las horas estivales
reposa en la muelle alfombra.

Sus pétalos al caer
sobre ti, te irán diciendo:
-«Como tú, vamos volviendo
hacia donde fué el nacer».